























Seguir a rajatabla con el actual plan de ajuste fiscal. Frenar el ritmo de subida de las pensiones. Transferir competencias económicas a las Administraciones locales. Y aumentar la inversión pública en infraestructuras. Ese es el plan económico que está filtrando a los medios de comunicación Andy Burnham, el hombre que el 17 de julio asumirá, salvo sorpresa, la jefatura del Gobierno del país con la segunda mayor economía de Europa: el Reino Unido.
Todo ello, con un equipo en el que tendrá una enorme influencia una de las 'estrellas' del gigante de la banca de inversión Goldman Sachs: Jim O'Neill, el hombre que en 2001 creó, en un informe del banco, el acrónimo 'BRIC' -Brasil, Rusia, India, y China, que en inglés suena además igual que "brick", o sea, "ladrillo"- en referencia a las economías que, predijo, dominarían la economía mundial en la segunda mitad del siglo XXI. Luego hubo que añadir un país africano, por aquello de la corrección política, y le pusieron la 'S' de 'Sudáfrica'. Hoy,los BRICS es hasta un foro internacional de jefes de Estado y de Gobierno.
La elección de O'Neill deja claro que Burnham va a ser, en la práctica, muy parecido a Keir Starmer -el actual primer ministro- solo que con camiseta negra en vez de chaqueta y corbata. De los nombres que suenan para su Gobierno, solo el del actual ministro de Energía, Ed Miliband, parece no ser aceptable para las empresas, debido a su compromiso con las 'emisiones cero' y su decisión de no dar más licencias a la explotación de petróleo y gas en el Mar del Norte, algo a lo que, además, el propio Burnham se opone.
Pero no está claro que Miliband vaya a alcanzar el cargo. Justo al contrario que O'Neill, cuya posición y trayectoria es muy diferente. El futuro 'asesor áulico' del inquilino de Downing Street desarrolló su carrera en el sector privado en el gigante de Wall Street Goldman Sachs, donde llegó a ser director de la división de gestión de activos.
O'Neill no solo ha trabajado en Goldman -uno de los bancos más demonizados por la izquierda- sino que, además, es un tecnócrata. El único partido en el que ha militado es el Conservador. Fue en 2015 y 2016, cuando David Cameron era primer ministro, y O'Neill ejerció el cargo de secretario de Estado del Tesoro, un cargo lógico dada su enorme experiencia en el mercado de divisas. Dos años antes, el Gobierno conservador-liberal de Cameron estuvo a punto de nombrarle gobernador del Banco de Inglaterra.
Lo que más une a O'Neill y a Burnham es el 'manchesterismo'. El primero, porque es del Gran Manchester. El segundo, porque es su alcalde, aunque deja el cargo el próximo lunes. El ex banquero -que adora el fútbol y participó en un fallido intento de comprar el Manchester United en 2010- ya ha asesorado a Burnham estos años, y es un destacado defensor de la transferencia de competencias de Londres al norte de Inglaterra que es, obviamente, donde está su ciudad.
Su presencia en el Gobierno aporta una comunicación fluida con las potencias emergentes -a fin de cuentas, O'Neill fue uno de los grandes defensores de la integración de éstas en la economía mundial-, credibilidad en los mercados, y más poder para el Norte de Inglaterra y las regiones fuera de Londres -Manchester, Liverpool, los 'Midlands', Birmingham- en detrimento de Londres.
O'Neill también tiene una idea claramente inspirada en un país que manda en los BRICS, China: más inversión pública en infraestructuras, financiada con deuda, aunque no está claro cómo va a poder hacerlo en un país que, como el propio asesor de Burnham ha explicado a la televisión financiera CNBC, "paga más por su deuda que Grecia". Lo que sí que el ex directivo de Goldman Sachs quiere es que Londres abandone sus planes de crear un Impuesto del Patrimonio similar al de, por ejemplo, España.
En general, los planes fiscales del futuro 'premier' son idénticos a los de Starmer. Y eso ha calado a los mercados financieros. Reinout De Bock, director de Tipos de Interés para Europa del gigante de la banca suiza UBS, ha explicado a EL MUNDO que "Burnham ha dicho que va a seguir las reglas fiscales" del Gobierno de Starmer, que incluyen la prohibición de financiar el gasto corriente del Estado con deuda y la necesidad de reducir que el endeudamiento en relación al PIB. "Esas son muy buenas noticias para el precio de los bonos", concluye De Bock (si sube el precio de la deuda de un país o empresa, los intereses caen, y se interpreta como confían en la solvencia del emisor).
Burnham ha puesto sobre la mesa incluso tocar la actualización de las pensiones, que en el Reino Unido son comparativamente mucho más bajas que en España y, desde el Gobierno conservador de Cameron, se realiza por una regla en virtud de la cual la subida anual es de acuerdo a la inflación, siempre que ésta no caíga por debajo del 2,5%. Si ese es el caso, la revaloración es del 2,5%.
Que un hombre de la llamada 'izquierda blanda' laborista ponga esas ideas sobre la mesa, siquiera como posibilidades teóricas en un segundo mandato, reafirma la voluntad política de que el ajuste fiscal británico siga. Igualmente tranquilizador para el mercado -y, posiblemente, escandaloso para la izquierda- es que su jefe de gabinete en Downing Street va a ser James Purnell, un hombre de la 'Tercera Vía' de Tony Blair y, además, ex consejero delegado de la empresa de lobby Flint Global. Entre los clientes de esa compañía están Elliott Management - el 'fondo buitre' por excelencia, que obligó a Argentina a suspender pagos en 2014 -y Apollo- el dueño del Atlético de Madrid, cuyo cofundador, Leon Black, estuvo metido hasta las pestañas en el escándalo de Jeffrey Epstein-, dos entidades que no encajan nada bien con la ideología de izquierda sobre la que Burnham ha cabalgado para llegar al poder.
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