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Amanece Vallecas con un nuevo mosaico. Uno de esos que adornan con colores rojiblancos y que recuerdan el sentimiento que recorre cada rincón del barrio. Se trata de una pintura que cubre dos fachadas juntas: a la izquierda, una niña vistiendo la camiseta de la Conference League y, al otro lado, la franjirroja del eterno capitán que la afición ya despidió en el último partido en el Estadio de Vallecas: el argentino Óscar Trejo.
No es necesario darle forma material, pero es una muestra más de que el barrio va «a las armas», como cantan los rayistas, ante esta final. Vallecas se está vistiendo de gala con la franja, y la gente se prepara de muchas formas para ver el partido. Unos viajarán, otros lo verán en casa, otros en el bar, otros en el estadio... La gente lo transmite cuando, al preguntarles, se iluminan sus miradas. Por ejemplo la de Dani que, junto a su padre, es uno de los aficionados que no ha querido perderse la final. Ellos viajarán, y no irán solos. Sin querer ganar ni un euro, padre e hijo se unieron en busca de gente que, como ellos, quisiera acudir a Leipzig.
Sin contar con un gran altavoz, han conseguido unir a familias y aficionados que, por 600 ¤, llegarán este miércoles a la ciudad alemana para alentar a su equipo. Ya son 100 rayistas quienes, movidos por el orgullo vallecano, volarán directos desde Madrid junto a Dani y su padre. «La gente está como loca. No hay día en el que no hablen por el grupo para decir las ganas que tienen y lo emocionados que están», admite Dani a EL MUNDO.
Pero esta no es la única manera en la que los aficionados disfrutarán esa bonita final en la que tanta pasión y ganas están poniendo. Un matrimonio que paseaba por Vallecas con la franja pegada al pecho relataba cómo y dónde estarán este último miércoles de mayo: «Veremos la final en casa con la familia con la que vamos los domingos al campo».
Y como ellos, muchos vallecanos se quedarán en el barrio. El trabajo, la economía o las costumbres dejarán a muchos aficionados en Vallecas, llenándola de esa esperanza y emoción que ya inunda las calles, y que se respira, sobre todo, en las dos más emblemáticas para la franja: la calle del Payaso Fofó y la avenida de la Albufera, calles que rodean el Estadio de Vallecas.
En ambas se ubican muchos de los espacios de reunión de los rayistas los días de partido. Bares en los que ir a ver al equipo un domingo se convierte en toda una experiencia. Uno de los más emblemáticos es el Mesón Moreno. «Nada más pasar a la final, la gente empezó a llamar para reservar. Desde esa noche tengo todo completo», comentaba uno de los empleados del local.
Descartada la petición de los vecinos para el montaje de pantallas por las calles de Vallecas por motivos de seguridad, el club ha confirmado que se podrá ver el partido dentro del estadio. Desde el lunes hasta el inicio del partido, los aficionados pudieron ir adquiriendo su entrada a cinco euros en las taquillas. Colas inmensas de más de seis horas se vienen formando en Vallecas. Todo por la negativa del club, en pleno siglo XXI, a habilitar una página web en la que adquirirlas.
Pero esto no es un motivo para que los hosteleros no sigan organizando un día grande en el barrio. «Vamos a prepararlo todo como si fuera la final del Mundial. Doblaremos personal y provisiones», declaraban desde el mítico local de la avenida de la Albufera. También en Payaso Fofó. Varios establecimientos explican la hermandad del barrio los días de partido. Aquellos que aceptan reservas ya han colgado el cartel de «completo». La cerveza es la provisión estrella, y la emoción que han vivido en las anteriores eliminatorias mantiene los nervios a flor de piel, también para aquellos que estarán detrás de la barra.
Ahora, Vallecas murmura. Son 2.200 kilómetros los que separan las calles de Madrid de los asientos de Alemania, pero las franjirrojas ya inundan las aceras y los barriles esperan tras las barras, preparando así al barrio para la historia. Un barrio obrero y humilde que, por unas horas, se asomará al balcón de Europa para tocar el cielo porque, cuando empiece a rodar el balón en Leipzig, el barrio más grande de Europa ya habrá ganado su noche más especial. Ya sólo faltará saber el resultado del partido.
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