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Cada San Isidro siempre hay alguien dispuesto a llegar a Las Ventas y contar el gran descubrimiento: ��Hab�is visto la sangre?�

El toro cornea a Roca Rey en La Maestranza, la pasada Feria de AbrilLances de Maestranza
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Cada San Isidro siempre hay alguien dispuesto a llegar a Las Ventas y contar el gran descubrimiento: ��Hab�is visto la sangre?�. Por estas fechas es habitual observar la migraci�n del antitaurino hasta la Monumental. Pueden llegar por el activismo pol�tico, por la adopci�n de perros, por haber plantado una tomatera en un huerto urbano o desde la Universidad. Suelen aparecer muy excitados, transportan la exclusiva que podr�a cambiar el destino de la Humanidad en un momento, llevan la frescura de la primera comuni�n con su gran hallazgo anual bajo el brazo: los toros entran vivos al ruedo y salen muertos. Vaya. Bastan unas palmadas para ponerlos otra vez a volar. Plas, plas. Y ya se van los ilustrados a otra parte, con su majestuosidad de p�jaro funesto, dron vig�a de las espa�as, a graznar literalidades. Por estas fechas hay que espantar siempre a dos o tres estudiosos posados encima de los cad�veres de los toros lidiados en la feria. Son gente que dice querer al toro, pero se comporta raro, como si lo buitrearan: pasan m�s tiempo abrazando al bicho muerto que observando su movimiento.
Admito que suelo entrar asustado a los textos antitaurinos. A veces ni siquiera los leo por si guardaran una raz�n definitiva que me llevara a replantear todo el armaz�n vital construido hasta ahora. Conf�o en el poder de una idea bien armada. Podr�a motivar mi ruptura con el pasado, empezar de cero sin el aprendizaje sobre la vida recolectado en los toros. No es un lugar com�n. Algunos arquetipos aparecen expuestos en las plazas de toros como un caleidoscopio de patrones para el adolescente, que pronto entiende la posibilidad de torearlo todo o de embestirlo todo o de combinar las dos velocidades con la anticipaci�n de algunos movimientos. Tambi�n se aprende a no doblar con cursivas la palabra maestro en cualquier �mbito que produzca buenos maestros. Pero todav�a no se ha dado la posibilidad, no he encontrado ning�n fogonazo que supere a los argumentos usados por los chavales que en el recreo planteaban escenarios absurdos como dar metralletas al toro. La persistencia del antitaurino da lugar a la excepci�n taurina. Ninguna disciplina encaja a sus contrarios en el folclore, como si fuesen otro bolso con forma de hombrera o un banderillero folcl�rica.
A m� me resulta aburrido. Y mucho m�s los intelectuales que confunden estar a pie de calle con el barroquismo. Otra manera de mirar por encima del hombro a quienes optan por cruzarse, bordear lo literal, tomar riesgos, en fin, airearse.



























