An�lisis
El primer ministro brit�nico no ha hecho esfuerzos por ofrecer un nuevo marco para el Laborismo

Una insignia del partido Reform, de Nigel Farage, se exhibe en el Ayuntamiento de Havering, en LondresEfe
Miriam Gonz�lez*
Actualizado
Las elecciones locales del Reino Unido han sido un duro golpe para Keir Starmer. Aunque lucha para sobrevivir, sus d�as est�n contados. Starmer es de car�cter conciliador, pero su debilidad provoca un nivel de animadversi�n a pie de calle parecido al de S�nchez.
Como el poder en los partidos pol�ticos del Reino Unido radica en los militantes, los l�deres all� no tienen capacidad de enrocarse. Starmer no va a ser el l�der laborista en las pr�ximas elecciones generales: se va a tener que ir. La �nica duda es cu�ndo.
Las tendencias pol�ticas brit�nicas son claras y todas ellas relevantes para Espa�a:
Primero, la fragmentaci�n. La pol�tica en el Reino Unido ha estado dominada por dos partidos desde tiempos inmemoriales. Pero ahora se ha fragmentado en cinco y no hay visos de volver al bipartidismo ni a corto ni a medio plazo. Para todos aquellos que sue�an con un sistema electoral distinto en Espa�a, es interesante observar que la fragmentaci�n brit�nica se ha producido con un sistema electoral marcadamente mayoritario. Cuando la fragmentaci�n se produce por los extremos, no hay sistema electoral que pueda pararla.
Segundo, los votantes de toda la vida son cada vez m�s escasos. Hay transferencias de votos constantes y en todas las direcciones: conservadores que se van al partido de Farage, pero tambi�n laboristas que le dan su voto; laboristas que se van a los Verdes y tambi�n conservadores que les votan. Como ocurre en Espa�a -donde el votante f�rreo del bipartidismo tiene ya m�s de 65 a�os- el voto duro de los partidos tradicionales est� cada vez m�s acotado.
Tercero, la vocaci�n de la extrema derecha es claramente reemplazar a los conservadores. En esto los brit�nicos van por delante de nosotros, ya que Farage mont� su partido m�s de una d�cada antes que Abascal. Entonces parec�a impensable que la extrema derecha pudiera cuajar en el pa�s de la democracia liberal por antonomasia. Pero contagiaron a los conservadores con su histrionismo y ahora Farage parece hasta razonable.
Y cuarto, todos los votos brit�nicos son ahora mismo defensivos (los de los partidos tradicionales) o protesta (los de los nuevos partidos). En un pa�s que lleva diez a�os, desde el Brexit, mirando ora al pasado, ora a su ombligo, no hay ni un solo proyecto pol�tico centrado en el futuro. Exactamente lo mismo que ocurre en Espa�a, aunque por otras causas.
Starmer se autodenomina progresista pero todo lo que ofrece es nostalgia de un Estado y de un poder p�blico del siglo XX que ni brit�nicos ni europeos nos podemos ya costear. Atrapado en la atalaya de la superioridad moral de la izquierda, no ha hecho esfuerzo alguno por plantear un nuevo marco intelectual de eficiencia del estado para el laborismo. Un progresista que no aspira a asegurar la prosperidad para las generaciones futuras. Un pol�tico inservible en el siglo XXI. Si eso es todo lo que la izquierda puede ofrecer, quiz�s sea entendible que tantos brit�nicos se planteen votar a Farage como primer ministro.
* Miriam Gonz�lez es fundadora de Espa�a Mejor


























