




























Colombia decide hoy en las urnas si sigue en la deriva ultraizquierdista que lidera el todavía presidente Gustavo Petro o si da un golpe de timón hacia la orilla contraria. El país celebra comicios presidenciales y las encuestas apuntan a que ninguno de los tres candidatos favoritos superará este domingo el 50% necesario para hacerse con la banda presidencial, lo que obligaría a una segunda vuelta electoral, el domingo 21 de junio.
Los sondeos otorgan un puesto seguro para el duelo final al aspirante petrista, Iván Cepeda. La gran duda es con qué rival se disputará la postrera etapa hacia la meta. Si será con la senadora uribista Paloma Valencia, cabeza de un grupo que congrega a políticos centristas y a un puñado de partidos tradicionales, o con el outsider Abelardo de la Espriella, reconocido abogado penalista que encarna una suerte de populismo de derecha. En los últimos sondeos, el novato en las lides electorales ganaba a quien pretende ser la primera mujer presidenta de Colombia.
De la Espriella partía al comienzo de la campaña con una diferencia de apenas cinco puntos respecto a Valencia, pero ha alcanzado una ventaja de 20. Pese a tal distancia, muchos analistas auguran que las maquinarias políticas regionales que la apoyan podrían inclinar la balanza a su favor.
"Paloma es la mejor opción para derrotar a Iván Cepeda porque atrae a ese votante de centro que es imprescindible para conquistar la Presidencia y que jamás dará su apoyo a Abelardo", señala a EL MUNDO Francisco Santos, ex vicepresidente del país y autor de un podcast destinado a convencer a los indecisos críticos con el Gobierno de Petro. "Nos jugamos la democracia; si no ganamos pueden ser las últimas elecciones libres", agrega.
El modelo de país, el Estado de Derecho, es lo que se dirime en estos comicios. Mientras Cepeda sigue la línea petrista de intervenir todas las esferas estatales, tanto Valencia como De la Espriella abogan por mantener los pilares de la Constitución de 1991. Esta fue aprobada por todo el espectro ideológico, incluidos los desmovilizados del M-19, guerrilla a la que perteneció Gustavo Petro. Si bien el presidente prometió que siempre la defendería, ahora la repudia y encabeza la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que la modifique de raíz, al estilo de lo que intentó Gabriel Boric en Chile. Cepeda mantiene una actitud ambigua. Propone un pacto nacional para sacar adelante todas sus propuestas estatistas, sin descartar sumarse a la Constituyente si no consigue aprobarlas.
El constitucionalista Mauricio Gaona advierte que Colombia "no enfrenta una elección como siempre. Se trata de elegir si eliminamos la separación de poderes, sustituyendo el imperio de la ley por el imperio del Gobierno; si pasamos de una democracia a una dictadura constitucional".
"El país está totalmente polarizado entre derecha e izquierda, y el centro se ha desdibujado, aunque sus votos pueden ser determinantes en una segunda vuelta", analiza para este periódico Andrés Sánchez, CEO de CIM (Centro de Investigación de Mercados). "Cepeda, primero en todos los sondeos, llegó a su techo, alrededor del 40%-45%. De la Espriella ha ido subiendo de manera consistente con una campaña digital que toca las fibras de lo emocional, del 10% al 37%. Paloma Valencia alcanzó su cima en marzo, al nombrar a Juan Diego Oviedo de vicepresidente, pero no supieron aprovecharlo, mostrando falta de unión de objetivos. Empezó a descender y se mueve entre el 12% y 15%".
Aparte del modelo de Estado, a Iván Cepeda (63 años) le separa de sus contrincantes, sobre todo de Paloma Valencia, una aversión obsesiva hacia Álvaro Uribe. Nieto e hijo de comunistas, admirador de Fidel Castro, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, ha sido siempre cercano a las guerrillas. Las viejas FARC bautizaron uno de sus frentes con el nombre de su progenitor, Manuel Cepeda, tras su asesinato por militares.
El candidato que aspira a continuar el legado de Petro perteneció a las Juventudes Comunistas, estudió Filosofía en la Bulgaria del Telón de Acero y residió un tiempo en la Cuba de Fidel con su familia. Ex congresista y actual senador del socialista Pacto Histórico, ha dedicado buena parte de su vida pública a perseguir a Uribe, al que confía en ver tras las rejas. Además del pleito que les enfrenta en los tribunales por una supuesta compra de testigos, le acusa de paramilitar y del asesinato de miles de jóvenes inocentes a los que el Ejército presentaba como guerrilleros dados de baja en combate durante sus dos mandatos presidenciales. Señalamiento que el ex presidente y el Centro Democrático rechazan de manera enfática.
La elección de la senadora Aida Quilcué como su vicepresidenta fue otro signo que evidencia tanto su radicalismo como una línea política propia. No consultó con Petro, que hubiese preferido a otra persona en lugar de una lideresa indígena del pueblo Nasa, gran desconocida para la mayoría de la población y perteneciente al polémico Cric (Consejo Regional Indígena del Cauca), ya aliado del Gobierno.
Cepeda y su círculo íntimo están convencidos de sus posibilidades y acarician el triunfo en primera vuelta. "Hacen la suma de los millones de ciudadanos favorecidos por políticas del Gobierno de Petro, como los empleados a los que subieron el 23% el salario mínimo; de todos los sectores que reciben subsidios; de las familias de los jóvenes que hacen servicio militar y ganan el triple de salario que antes, etcétera. Y les salen los millones que necesitan para ganar", afirma una fuente cercana a la campaña, que pide no dar su nombre.
Tal vez esa sea la razón por la que el aspirante del Pacto Histórico no se ha molestado en hacer una campaña electoral llamativa. Adusto, de semblante serio, lee todos sus discursos, no prodiga abrazos ni besos a sus seguidores, sólo ha concedido un puñado de entrevistas a medios que no considera hostiles y sigue encubriendo la verdad sobre la evolución del cáncer que padece. En 2018 le diagnosticaron uno de colon, que superó, y en 2021 otro de hígado, del que fue operado.
Abelardo de la Espriella es quien más rechazo genera entre la izquierda y los centristas de todo signo. Pero, al mismo tiempo, es quien despierta mayores pasiones entre la población que se siente de derecha y quiere ver destronado a Petro, y entre quienes, sin ideología política concreta, anhelan el puño de hierro contra la atosigante delincuencia, al estilo Bukele.
Le apodaron El Tigre, acorde con sus posturas firmes en cuestiones polémicas que dividen al país. Su lenguaje directo contra el Gobierno de Petro y las bandas criminales; su posición de no aceptar alianza alguna con "los de siempre", es decir, partidos y grupos de poder; o el haberse financiado con sus propios recursos la campaña son factores que han impulsado su aspiración presidencial.
Nacido hace 48 años, abogado, casado y con cuatro hijos, fundó hace un par de décadas un bufete que le granjeó cierta popularidad por llevar casos sonados, unos cobrando honorarios y otros defendiendo causas pro bono de personas sin recursos económicos.
El chavista Alex Saab, testaferro de Nicolás Maduro, fue uno de sus clientes en Colombia y quien ha proporcionado a sus contrincantes más argumentos estos días para desacreditarle. Hombre inquieto, abandonó el ejercicio profesional de la abogacía para montar distintas empresas, como una bodega en Italia, el ron Defensor o proyectos inmobiliarios.
"Abelardo sube por varios factores", analiza para este diario Ángel Becasino, experto en marketing político. "Uno, por la consistencia de su campaña; dos, por la debilidad y los errores de la campaña de Paloma, lo que hace que la alternativa se consolide en Abelardo; y, tres, por el miedo que genera Petro impulsando una Constituyente que la gente aún no definida asocia con una pretensión de continuidad de largo aliento".
También el ticket con el economista José Manuel Restrepo le dio puntos. Ex ministro de Hacienda y de Comercio de Iván Duque, ex rector de las universidades EIA de Medellín y del Rosario de Bogotá, es tan respetado que el vicepresidente elegido por Valencia, Juan Daniel Oviedo, no oculta la admiración que le despierta desde que fue alumno suyo.
Paloma Valencia (48 años) es la ficha de Álvaro Uribe y la única que puede recoger al votante de centro que busca una alternativa a la polarización reinante. Aunque mantiene sus principios ideológicos, ha priorizado tender puentes hacia sectores moderados y partidos de todo signo como señal de que gobernaría un país diverso. Por ello participó en unas singulares primarias con ocho aspirantes de distinta procedencia política, en marzo. Fue la más votada y eligió al centrista Oviedo, prestigioso economista que no disimula su condición de gay con pareja estable.
Los choques por sus divergentes posiciones en materia de familia, Defensa, procesos de paz y otros asuntos terminaron por afectar la popularidad del ticket electoral que había nacido fuerte, pese a que justificaban las diferencias como el fiel reflejo de la sociedad y del Gobierno inclusivo que querrían para Colombia.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。