























Mientras Bruselas afila nuevas herramientas para proteger su industria de una avalancha de productos chinos, Pekín ha decidido contraatacar en el terreno de la narrativa. Si en Europa cada vez se escucha más el término "shock chino 2.0" para describir el impacto de las exportaciones chinas sobre el tejido industrial comunitario, el Gobierno chino responde con un eslogan diametralmente opuesto: "la oportunidad china 2.0". La batalla comercial se libra también con conceptos.
El miércoles, durante la inauguración de la Reunión Anual de los Nuevos Campeones del Foro Económico Mundial -conocida como el Davos de Verano- en la ciudad portuaria de Dalian, el primer ministro chino, Li Qiang, aprovechó el escaparate internacional para rechazar frontalmente la narrativa que se está consolidando en las capitales occidentales.
"Lo que las tecnologías y los productos chinos en campos emergentes aportan al mundo no es una conmoción, sino una oportunidad; no una amenaza, sino un empoderamiento", afirmó ante más de 1.700 delegados procedentes de más de 90 países. El número 2 del Gobierno chino criticó el llamado "shock chino 2.0" y defendió que el auge tecnológico de su país debería entenderse como una nueva fuente de crecimiento para la economía global.
Li trató de desmontar una de las acusaciones más repetidas por Bruselas: que la competitividad china se sostiene gracias a enormes subsidios estatales. "El Gobierno chino aún no es tan rico, y nosotros tampoco podemos permitirnos esos subsidios", aseguró.
Según su argumento, la competitividad china se basa en el esfuerzo innovador de sus empresas y del enorme tamaño de su mercado interno. Pero en plena desaceleración del consumo doméstico y con una economía que no recupera la confianza de hogares y empresas, numerosos expertos consideran que buena parte del empuje exportador chino se apoya precisamente en el respaldo financiero del Estado.
Li citó como ejemplo a Huawei, convertida en símbolo de la resistencia tecnológica china frente a las sanciones occidentales. "Huawei ha estado sometida durante mucho tiempo a bloqueos externos, pero su gasto en I+D ha aumentado en lugar de disminuir", afirmó.
El primer ministro también presentó a China como un "refugio seguro" para la economía mundial. Según Li, si durante décadas China compartió beneficios mediante producción barata y acceso a su mercado, ahora ofrece además "beneficios de innovación". Para las empresas extranjeras, concluyó, la "oportunidad china 2.0 significa "oportunidades de inversión de alto rendimiento"
Pero el mensaje de Dalian choca de frente con el clima político que domina actualmente en Bruselas. Allí, el concepto de "shock chino 2.0" ha ganado fuerza durante los últimos meses para describir una nueva oleada exportadora china que amenaza sectores considerados estratégicos para Europa: vehículos eléctricos, baterías, paneles solares, maquinaria industrial, productos químicos o acero.
La expresión remite al llamado "China Shock" original, una teoría popularizada por economistas estadounidenses para explicar el impacto que tuvo la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio sobre el empleo manufacturero en EEUU a comienzos de siglo. La nueva versión traslada esa preocupación a una nueva fase: una China mucho más fuerte tecnológicamente y con una enorme capacidad industrial que busca más salida para su producción en los mercados internacionales.
Las cifras alimentan la inquietud europea. China registró en 2025 un superávit comercial cercano a 1,2 billones de dólares, impulsado en gran medida por las exportaciones de productos tecnológicos de bajo coste. Mientras tanto, el déficit comercial de la UE alcanzó los 359.000 millones de euros, más del doble que antes de la pandemia. Solo el año pasado entraron en el mercado europeo bienes chinos por valor de casi 560.000 millones de euros.
El temor es que el debilitamiento de la demanda interna china y las restricciones crecientes en Washington estén empujando a Pekín a redirigir su excedente productivo hacia Europa. De ahí que, durante la última cumbre europea, varios líderes reclamaran a la Comisión nuevos instrumentos para proteger a las empresas comunitarias.
El presidente francés, Emmanuel Macron, advirtió de que las exportaciones chinas estaban "literalmente acabando con gran parte de la industria europea". El primer ministro luxemburgués, Luc Frieden, llegó a describir el desafío industrial chino como una "amenaza existencial".
En este contexto, la Comisión Europea estudia recurrir con mayor intensidad a instrumentos defensivos ya existentes -como los aranceles- y desarrollar nuevas herramientas para responder al exceso de capacidad industrial chino. Los gravámenes de hasta el 35% impuestos a determinados vehículos eléctricoschinos son solo un anticipo de una estrategia más amplia.
En este frente, España sigue representando una de las voces más favorables al diálogo dentro de la UE. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, volvió a desmarcarse la semana pasada al definir a China como un "aliado potencial". "Necesitamos amigos, relaciones equilibradas, ser pragmáticos y tender puentes", declaró. La posición española refleja una visión más pragmática de la relación con Pekín y confirma el papel de Madrid como uno de los socios comunitarios más receptivos a mantener abiertos todos los canales políticos y económicos con la segunda economía mundial.
Hace unos días, después de que Bruselas calificara de "insostenible" la situación comercial actual y reclamara una estrategia más firme, el Ministerio de Comercio chino advirtió que responderá con "medidas efectivas" si la UE adopta "restricciones discriminatorias" contra los productos chinos.
La tensión podría aumentar en los próximos días. El ministro de Comercio chino, Wang Wentao, tiene previsto reunirse en Bruselas el próximo lunes con el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, en un encuentro que servirá para medir hasta qué punto ambas partes están dispuestas a evitar una escalada.
Para analistas como Georg Emil Riekeles, director asociado del Centro Europeo de Políticas (EPC), Europa afronta "una crisis china de proporciones históricas". Según sus cálculos, entre 400 y 800 categorías de productos europeos están expuestas a la presión del exceso de capacidad industrial chino. El debate, sostiene, ya no gira únicamente en torno a precios bajos o pérdida de cuota de mercado, sino sobre la capacidad de Europa para preservar industrias esenciales para su prosperidad, su autonomía estratégica y su seguridad futura.
Desde Pekín, sin embargo, expertos próximos al Gobierno defienden que el "shock chino 2.0" es poco más que una construcción política destinada a justificar medidas proteccionistas. Académicos de universidades como Fudan o Tsinghua sostienen que Occidente está proyectando sobre China problemas internos como la pérdida de competitividad industrial, los costes de la transición verde o la desigualdad económica.
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