
























Luz Escobar*
Actualizado
En los �ltimos meses, cada vez que Donald Trump hablaba de Cuba, la reacci�n era casi autom�tica: exagera, amenaza, nada va a pasar. Una especie de cansancio anticipado frente a su ret�rica. Como en el cuento del ni�o que grita que viene el lobo, muchos han dejado de creer en su frase "Cuba es la siguiente". Pero ese es precisamente el problema: que a veces el lobo s� llega.
La diferencia es que ahora el lobo ya no significa lo mismo. Durante d�cadas los mensajes que llegaban a Cuba desde el Norte eran una met�fora m�s bien difusa: Estados Unidos, una invasi�n improbable, un cambio abrupto que nunca terminaba de concretarse. Hoy, para muchos cubanos, esa figura ha mutado. Ya no representa �nicamente el miedo, sino tambi�n (para algunos) la idea de una salida, de alguien que venga a romper un equilibrio que perciben como insoportable. Trump empieza a ocupar ese lugar simb�lico, no tanto como una realidad concreta, sino como la proyecci�n de una expectativa. En la mente de muchos cubanos encarna, m�s que nunca, la patada en el tablero que pueda dar inicio a un proceso democr�tico.
Las palabras pronunciadas el viernes (la imagen escandalosa de un portaaviones estadounidense detenido a apenas "100 yardas" de la costa cubana mientras desde La Habana se escucha un "nos rendimos") pueden parecer otra hip�rbole m�s. Pero el error puede estar en leerlas como un espect�culo que intenta humillar al r�gimen cubano y no como se�al.
En este contexto, lo relevante no es el portaaviones en s�, sino el momento exacto en que esa imagen aparece. Estados Unidos acaba de ampliar de forma significativa las sanciones contra Cuba, apuntando directamente a sectores clave como energ�a, finanzas o Defensa, y extendiendo el castigo incluso a empresas extranjeras que operen con el Gobierno cubano. Para colmo, hoy, gracias a las herramientas de la Inteligencia Artificial, esa escena puede materializarse ante los ojos de los cubanos con un realismo sobrecogedor.
Ya es imposible verlo como una amenaza aislada; ahora mismo el panorama se dibuja m�s como un endurecimiento real de la presi�n en un momento particularmente delicado para la Isla. Cuba atraviesa una de sus peores crisis en d�cadas: apagones prolongados, escasez de combustible, deterioro econ�mico acelerado, un �xodo masivo que vac�a el pa�s y, adem�s, la represi�n a cualquier expresi�n de disenso. En ese escenario, cada nueva restricci�n externa cae sobre un sistema extremadamente debilitado.
Pero mientras esa presi�n se acumula desde fuera, hacia dentro el r�gimen mantiene intacto su reflejo m�s antiguo: la represi�n. El mes pasado, el campe�n de artes marciales mixtas Javier Ernesto Mart�n Guti�rrez, conocido como Spiderman, fue detenido tras una protesta pac�fica y llevado a Villa Marista, el cuartel general de la Seguridad del Estado. D�as antes, en una c�rcel de Ciego de �vila, Jonathan David Muir, un adolescente de 16 a�os detenido por participar en las protestas de marzo en Mor�n, llamaba a sus padres con una s�plica que resume el clima interno: "Pap�, por favor, s�came de aqu�, ya no puedo m�s".
Ah� es donde cambia la lectura. No se trata tanto de si Trump exagera, sino de si esa exageraci�n forma parte de una estrategia de disuasi�n que se apoya en hechos concretos. Venezuela sirve aqu� como antecedente porque lo que parec�a puro ruido termin� siendo un proceso acumulativo que puso fin a la presidencia de Nicol�s Maduro.
La respuesta oficial del r�gimen cubano sigue un guion conocido. El canciller Bruno Rodr�guez Parrilla denuncia el "imperialismo" y el propio Miguel D�az-Canel ha recurrido a la red social X para alertar sobre una "escala peligrosa y sin precedentes", llamando a la comunidad internacional a detener lo que califica como un "acto criminal". Su proclama de que "ning�n agresor encontrar� rendici�n" y que el pueblo defender� la soberan�a en cada palmo del territorio suena, sin embargo, a palabras huecas. Cabe preguntarse: �qu� soberan�a defiende un sistema que no puede garantizar luz, comida ni libertad a sus ciudadanos? �De qu� independencia hablan frente a un pueblo que solo sue�a con el �xodo?
Durante a�os, el r�gimen ha sobrevivido burl�ndose de las expectativas de cambio. Ah� entra la cultura del exilio, con canciones como Ya vienen llegando, de Willy Chirino, repetida durante d�cadas como el anuncio de un desenlace que nunca terminaba de llegar.
Pero esa espera no ha sido gratuita. La repetici�n constante de mensajes de "ahora s�" ha inoculado en los cubanos una ansiedad corrosiva. Es la angustia de vivir en una sala de espera perpetua donde el reloj parece haberse detenido. Para el que est� en la Isla, cada nueva promesa de cambio que no se materializa es un golpe a la salud mental de una sociedad que ya no tiene reservas emocionales para gestionar m�s falsas alarmas.
Hoy la diferencia no radica en la promesa de que "vienen", sino en el estado del pa�s que los espera. Una sociedad m�s empobrecida y cansada. Un sistema que ya no le toca solamente gestionar la escasez, sino tambi�n, el agotamiento de millones.
Por eso la pregunta no es si veremos un portaaviones frente al Malec�n. La pregunta es si estamos otra vez subestimando un proceso por fijarnos demasiado en su forma m�s exagerada. Porque ese es el verdadero riesgo del cuento del ni�o y el lobo: no que alguien mienta demasiadas veces, sino que cuando dice la verdad, ya nadie est� dispuesto a creerle.
Tal vez el lobo no est� a 100 yardas de la costa. Pero en Cuba, esta vez, el terreno no es el mismo y quienes habitan la isla ya no tienen fuerzas para distinguir el aullido de la realidad.
* Luz Escobar, periodista cubana exiliada en Madrid y Premio Internacional de Periodismo de EL MUNDO
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