




















La inteligencia artificial (IA) ya no es una promesa de futuro, sino el motor central del cambio en el mercado de trabajo. Dejando a un lado los augurios apocalípticos que anuncian el fin del empleo masivo, hay datos recientes que dibujan un escenario de transición estructural.
Según desglosa TBS Education, el Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial muestra que de aquí a 2030 desaparecerán unos 92 millones de puestos de trabajo en todo el mundo, pero la misma ola tecnológica impulsará la creación de 170 millones de nuevos empleos. El resultado es la cifra positiva de 78 millones de puestos globales.
El verdadero desafío, por lo tanto, no es la escasez de trabajo, sino la velocidad de su transformación. El informe estima que el 22% de los empleos actuales experimentará una reconversión completa antes del final de la década. En este escenario, perfiles vinculados al análisis de datos, la ciberseguridad, el desarrollo de software y la propia IA lideran la demanda, mientras que las tareas administrativas y repetitivas se ven en peligro.
El verdadero obstáculo no es el acceso, sino la orientación"
Aprender a convivir y trabajar con herramientas tecnológicas no solo garantiza la empleabilidad, sino que tiene un impacto directo en la remuneración. El Global AI Jobs Barometer 2025 de PwC, tras analizar cerca de mil millones de ofertas de empleo, desvela que los profesionales que dominan habilidades de IA perciben un 56% más que sus homólogos sin dichos conocimientos.
Esta notable diferencia salarial abre el debate sobre una potencial brecha social entre quienes acceden a esta preparación y quienes quedan rezagados. Al respecto, Pedro Sigaud, Director Académico de TBS Education en Barcelona, matiza el origen de esta barrera en declaraciones exclusivas para Business Insider España.
“Hoy hay una enorme cantidad de contenido formativo disponible online sin coste, en muchos casos ofrecido por las propias empresas que desarrollan estas tecnologías. La inversión, por tanto, no es tanto económica como de tiempo. El verdadero obstáculo no es el acceso, sino la orientación: navegar este ecosistema, saber por dónde empezar, qué aprender y en qué orden resulta complejo sin una guía”, explica.
En un mar de cursos y tutoriales en internet, el verdadero reto es no perderse. “Ahí es donde las escuelas de negocio aportamos un valor diferencial. No se trata solo de transmitir herramientas, sino de ofrecer un recorrido formativo estructurado, con criterio y con un enfoque ético y responsable del uso de la IA. Democratizar este aprendizaje significa precisamente eso: dar a todos no solo el acceso al conocimiento, sino la brújula para aprovecharlo bien”, añade Sigaud.
Uno de los dolores de cabeza de las universidades y escuelas de negocios es cómo preparar a un alumno para que no quede obsoleto ante una tecnología que no termina de mutar. Para el director académico de TBS Education - Barcelona, la respuesta pasa por desviar el foco de las herramientas que están de moda y centrarse en lo que no caduca.
“La sociedad siempre ha visto nacer y desaparecer profesiones a lo largo del tiempo. Es un fenómeno natural que acompaña a toda evolución tecnológica, no una amenaza inédita”, explica Sigaud a Business Insider España. “Asumir esto nos permite diseñar programas que no pretenden enseñar herramientas concretas que pueden quedar obsoletas, sino capacidades duraderas: pensamiento crítico, toma de decisiones, adaptación y aprendizaje continuo”.
Para conseguirlo, las aulas se están transformando. En lugar de clases puramente teóricas, los estudiantes practican con simuladores y herramientas de IA que imitan el mercado real, obligándoles a tomar decisiones y ver las consecuencias al momento, tal y como ocurriría en una empresa de verdad.
A medida que los ordenadores se encargan de las tareas más mecánicas, lo que hace valioso a un profesional es, precisamente, lo que lo hace humano. Las empresas ya no miran los títulos al milímetro; buscan personas flexibles, con capacidad de reacción y soft skills (habilidades blandas).
Al ser preguntado por las cualidades más cotizadas y que la IA todavía ve muy de lejos, Pedro Sigaud lo tiene claro: “La competencia más urgente es la capacidad de comunicar, tanto con el equipo como en público, de forma clara, lógica y persuasiva. El profesional que sabe atraer a las personas de su equipo hacia la acción, alineándolas en una dirección común para alcanzar los objetivos de la empresa, tiene un valor que ninguna tecnología sustituye”.
Para el experto, las máquinas pueden darnos informes y recomendaciones brillantes, pero el timón lo seguimos llevando nosotros. “La responsabilidad de decidir, movilizar a otros y asumir las consecuencias sigue siendo profundamente humana, y hoy tiene más valor que nunca”, concluye.
En conclusión, si algo dejan claro los datos es que la IA no viene a destruir el trabajo, viene a obligarnos a cambiar de mentalidad. El éxito en este nuevo mercado no dependerá de quién memorice más información, sino de quién sepa combinar una buena brújula formativa con las capacidades más humanas: comunicar bien, liderar con empatía y atreverse a tomar decisiones. Aquellos que den el paso no solo sobrevivirán a la automatización, sino que llegarán a liderarlo.
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