



























El mercado laboral español da un giro en el inicio de 2026. Tras cerrar el año pasado con la tasa de paro por debajo del 10% por primera vez en más de una década, el primer trimestre ha devuelto la incertidumbre.
España pierde 170.300 empleados en el primer trimestre del año. El número de parados aumenta en 231.500 personas hasta los 2.708.600 y la tasa ha escalado hasta el 10,83%, en el peor inicio de año desde 2013, según la última Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE).
No obstante, los tres primeros meses del año suelen caracterizarse por una caída de la ocupación. A lo que cabe sumar la incertidumbre geopolítica y el aumento de precios que ha llegado con ella. En este escenario el número de ocupados se situó en 22.293.000.
En esta dinámica, emerge una tendencia que no encaja del todo con el resto del mercado laboral. El comportamiento del empleo vinculado a la tecnología sigue mostrando dinámicas propias, más cercanas a un cambio estructural que a un simple ciclo económico.
La formación en tecnologías de la información y la comunicación (TIC) sigue ofreciendo las mejores oportunidades de empleo. En 2025 alcanzó la tasa de ocupación más alta de todas las ramas formativas, con un 81,72%. En el extremo opuesto, quienes cuentan con formación general, básica o en habilidades personales apenas lograron una tasa de empleo del 39,16%, lo que refleja la creciente polarización del mercado laboral en función de la cualificación.
Sin embargo, este liderazgo de las titulaciones tecnológicas empieza a mostrar señales de agotamiento. El informe Empleo tecnológico en el mercado laboral español 2026, elaborado por el especialista de UGT José Varela, advierte de una "preocupante desaceleración en la contratación de roles tecnológicos" tras años de fuerte expansión.
Basándose en datos de la EPA, entre 2020 y 2025, el empleo en estas actividades creció más de un 33%, pasando de menos de 800.000 ocupados a superar el millón, muy por encima del avance del conjunto del mercado laboral, que fue del 17%. Este impulso elevó el peso del sector tecnológico en la economía del 4,1% al 4,7%.
En aquel lustro, la economía española mostró un dinamismo notable, elevando el peso de las actividades tecnológicas (que incluyen telecomunicaciones, programación, consultoría, arquitectura, ingeniería e investigación y desarrollo) del 4,1% al 4,7% del total de la ocupación. Sin embargo, los datos interanuales más recientes confirman un frenazo brucos que se traduce en una contracción de 50.000 ocupados entre el tercer trimestre de 2024 y el mismo periodo de 2025.
Los descensos más intensos se concentran en arquitectura e ingeniería, con 26.000 empleos menos, y en telecomunicaciones, con una pérdida de 20.000 puestos. A ello se suman los recientes procesos de ajuste en grandes compañías, como el de Meta o el de Amazon, con 791 empleados.
Este frenazo convive con una realidad aparentemente contradictoria. El perfil tecnológico sigue siendo el que presenta mejores indicadores laborales dentro de la EPA. Los datos del INE muestran que las personas con formación en tecnologías de la información registran una tasa de empleo superior al 80%, muy por encima de la media nacional y de otras áreas educativas.
Es decir, incluso en un contexto de subida del paro, la empleabilidad de estos perfiles sigue siendo extraordinariamente alta. Pero eso no significa que el sector esté libre de tensiones.
La desacerleración también se percibe en las afiliaciones a la Seguridad Social. Las ocupaciones TIC y científico-técnicas han pasado de liderar la creación de empleo en 2023 a perder peso frente a otros sectores en 2025.
Además, el porcentaje de empresas de más de diez trabajadores que emplean especialistas tecnológicos ha caído un 16% desde 2018, lo que apunta a una concentración del empleo en un número reducido de grandes compañías, en lugar de una digitalización más extendida del tejido productivo.
En paralelo, el comportamiento del desempleo añade matices relevantes. Aunque la tasa de paro es más baja entre quienes cuentan con formación agraria (5,11%), los titulados en áreas tecnológicas no logran situarse entre los perfiles con menor desempleo relativo.
De hecho, España concentra 54.100 parados con formación en nuevas tecnologías y presenta una tasa de paro en este colectivo del 9,9%, muy por encima del 6,5% de la media europea. Uno de cada cuatro desempleados digitales de la Unión Europea reside en España, lo que evidencia un desajuste entre la formación y la capacidad de absorción del mercado.
El análisis comparado con Europa recogido por el informe de UGT refuerza la sensación de rezago estructural. Aunque el número de especialistas TIC en España se ha duplicado en la última década (de 571.000 en 2015 a más de un millón en 2024) el país apenas ha mejorado su posición relativa y se mantiene en torno al vigésimo puesto en la UE.
A ello se suma una brecha salarial significativa. Los sueldos del sector tecnológico en Europa son, de media, un 38% superiores a los españoles, diferencia que alcanza el 71% en Francia y el 73% en Alemania. Además, el crecimiento salarial en España ha sido más moderado que en otros países, lo que, según UGT, se traduce en pérdida de poder adquisitivo pese al aumento en la nómina del sector.
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