






























Fingir que no oyen, esconderse para comer dulces… Un estudio explica por qué estas pequeñas “mentiras” infantiles son normales
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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“¿Has cogido una galleta?”. Tu hijo te mira muy serio, niega con la cabeza… y todavía tiene migas alrededor de la boca. Muchas familias viven escenas así a diario y suelen preguntarse siempre lo mismo: “¿Es normal que tan pequeño ya intente engañarnos?”. La respuesta, según una nueva investigación internacional, es sí. Y además ocurre muchísimo antes de lo que imaginábamos.

El estudio, liderado por la Universidad de Bristol en Reino Unido, concluye que las primeras formas de engaño pueden aparecer desde los primeros meses de vida y forman parte del desarrollo normal infantil. De hecho, los investigadores calculan que alrededor del 25 % de los niños ya muestran algún tipo de conducta engañosa hacia los 10 meses y que a los tres años casi todos utilizan estrategias para ocultar información, distraer o evitar consecuencias.
Lejos de interpretarlo como algo “malo”, los expertos explican que estas conductas son una señal importante de desarrollo social y cognitivo.
Durante años, muchos estudios relacionaron la mentira con habilidades complejas: lenguaje avanzado, pensamiento sofisticado o capacidad para entender lo que piensa otra persona. Sin embargo, esta nueva investigación cuestiona completamente esa idea.
La profesora Elena Hoicka, autora principal del estudio, explica a EurekAlert que las primeras formas de engaño son mucho más simples y aparecen mucho antes de lo que se creía.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron las respuestas de padres de más de 750 niños de entre 0 y 47 meses de Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Australia. A partir de esos datos identificaron 16 tipos distintos de engaño infantil.
Algunos padres incluso aseguraron haber detectado comportamientos relacionados con el engaño desde los 8 meses.

Cuando hablamos de engaño en niños pequeños no nos referimos necesariamente a mentiras elaboradas. Muchas veces son pequeñas estrategias cotidianas para evitar una norma, conseguir algo o escapar de una tarea.
La propia profesora Hoicka explica que uno de los trucos más habituales de sus hijos era esconderse debajo de la mesa o encerrarse en el baño para comer chocolate o golosinas sin que nadie los viera.
El estudio también menciona conductas como:
Según los investigadores, alrededor de los dos años predominan los engaños basados en acciones o respuestas muy simples. Pero hacia los tres años aparece algo más sofisticado, ya que los niños empiezan a comprender mejor cómo funciona la mente de los demás y utilizan el lenguaje de forma más estratégica.
Ahí aparecen frases como:
O acusaciones parcialmente ciertas, como contar que un hermano pegó… sin mencionar que ellos habían empezado antes.

Aunque descubrir una mentira infantil puede desesperar a muchos adultos, los expertos insisten en que estas conductas forman parte del aprendizaje social normal.
Para poder engañar, aunque sea de manera sencilla, el niño necesita desarrollar capacidades importantes:
Es decir, detrás de muchas de estas pequeñas “trampas” hay un cerebro madurando y aprendiendo cómo funcionan las relaciones humanas.
Por eso los investigadores insisten en que el objetivo no debe ser etiquetar al niño como “mentiroso”, sino acompañar estas situaciones con calma y educación emocional.
Uno de los mensajes más importantes de la investigación es, precisamente, que el engaño en la infancia temprana es completamente normal. La profesora Hoicka explica que conocer qué conductas son esperables según la edad puede ayudar a los padres a entender mejor a sus hijos y a reaccionar de forma más adecuada.
Porque muchas veces detrás de estas escenas no hay maldad, manipulación ni problemas de conducta. Hay curiosidad, búsqueda de autonomía, deseo de evitar límites o simplemente experimentación social.
Y aunque sí es importante enseñar honestidad y límites claros, los expertos recuerdan que estas pequeñas mentiras forman parte del desarrollo típico infantil. De hecho, probablemente son una señal de que el niño está aprendiendo mucho más de lo que parece.
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