



























No solo importan los primeros pasos o la primera palabra. Estas primeras veces de tu bebé también marcan grandes avances en su desarrollo.
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Cuando pensamos en las primeras veces de un bebé, siempre recordamos las mismas. La primera sonrisa, el primer diente, la primera palabra o los primeros pasos. Son esos momentos que llenan la memoria del móvil y que acabamos celebrando por todo lo alto.
Pero entre un gran hito y otro suceden decenas de pequeños avances que casi nadie celebra. Y, sin embargo, son igual de importantes. A veces pasan desapercibidos porque duran apenas unos segundos o porque no somos conscientes de lo que significan. Detrás de cada uno de ellos hay un cerebro que está aprendiendo, estableciendo nuevas conexiones y descubriendo cómo funciona el mundo.
De hecho, un artículo publicado en Pediatrics & Child Health, recuerda que los hitos del desarrollo son una forma de observar cómo madura el sistema nervioso del bebé. No se trata solo de cuándo camina o habla, sino de muchos pequeños logros que aparecen de forma progresiva y que muestran que todo va siguiendo su curso.
Estas son algunas de esas primeras veces que merecen mucho más protagonismo del que suelen tener.

Al principio parece que su mirada va de un lado a otro sin demasiado sentido. Pero un día, casi sin darte cuenta, se queda observando tu cara durante unos segundos. No está mirando "al vacío": está aprendiendo a reconocer rostros, expresiones y emociones.
Es uno de los primeros pasos para relacionarse con quienes le rodean.
Aunque ya la escuchaba durante el embarazo, poco a poco empieza a reaccionar de forma diferente cuando oye la voz de mamá, papá o de las personas que forman parte de su día a día.
Muchas veces basta con hablarle para que deje de llorar o dirija la mirada hacia quien le está llamando. Ese reconocimiento le aporta seguridad y fortalece el vínculo afectivo.
Puede parecer un detalle sin importancia, pero conseguir seguir un sonajero o un juguete mientras se mueve requiere mucha coordinación.
Sus ojos, su cerebro y su atención empiezan a trabajar juntos, algo fundamental para el desarrollo visual.

Antes de aprender a sentarse, gatear o caminar hay una conquista mucho más discreta, pero muy necesaria: controlar la cabeza.
Cada segundo que consigue mantenerla erguida cuando está boca abajo supone un pequeño entrenamiento que fortalece los músculos del cuello y la espalda. Es uno de esos avances que apenas reciben aplausos, pero que hacen posible todo lo que vendrá después.
Muchos bebés pasan varios minutos observándose las manos como si acabaran de encontrarlas. Y, en cierto modo, es exactamente lo que está ocurriendo.
Empiezan a entender que forman parte de su cuerpo y que pueden moverlas a voluntad. Ese descubrimiento marca el inicio de una etapa llena de exploración.
Al principio, cerrar la mano alrededor de un dedo o de un juguete es un reflejo. Con el paso de las semanas deja de serlo.
Y llega un momento en el que el bebé extiende el brazo con intención para alcanzar aquello que le llama la atención. Es un gesto sencillo, pero detrás hay un enorme trabajo de coordinación entre la vista, el cerebro y las manos.
Todavía no sabe hablar, pero ya intenta comunicarse.
Balbucea, espera unos segundos, escucha tu respuesta y vuelve a emitir sonidos. Es casi una conversación. Sin darse cuenta, está aprendiendo algo tan básico como respetar los turnos al comunicarse, una habilidad imprescindible para el lenguaje que llegará más adelante.

Hay un momento en el que ya no solo reconoce una voz conocida, sino que gira la cabeza para localizar de dónde viene.
Es un pequeño gesto cotidiano que demuestra cómo empieza a integrar la información que recibe por distintos sentidos y a relacionarla con las personas que forman parte de su entorno.
Sacas la lengua y él hace lo mismo. Abres mucho la boca y, tras unos segundos, intenta repetir el gesto.
La imitación es una de las herramientas más potentes que tienen los bebés para aprender. Observando a los adultos, empiezan a comprender cómo funciona el mundo que les rodea.
Por eso el juego del cucú-tras les fascina tanto. Durante los primeros meses, si un objeto desaparece de su vista, es como si hubiera dejado de existir. Poco a poco empiezan a comprender que las personas y las cosas siguen estando ahí aunque no puedan verlas en ese momento.
Es un cambio enorme en su forma de pensar y uno de los grandes avances del desarrollo cognitivo.
Los primeros pasos y las primeras palabras seguirán siendo momentos inolvidables. Pero el desarrollo de un bebé no ocurre de golpe, sino que se construye poco a poco, a base de pequeñas conquistas que muchas veces pasan desapercibidas.
Quizá nunca recuerdes el día en que descubrió que tenía dos pies o la primera vez que respondió a un balbuceo como si estuviera manteniendo una conversación. Sin embargo, esos instantes también marcaron un antes y un después.
Porque crecer no consiste solo en alcanzar grandes metas, también es la suma de todos esos pequeños avances que, casi sin hacer ruido, preparan el camino para todo lo que está por venir.
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