























Un equipo de investigadores ha logrado reconstruir parte de la vida de un niño negro retratado en 1748 junto a un oficial de la Marina británica y del que no se sabía prácticamente nada.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Hay cuadros que parecen congelados en el tiempo y otros que, siglos después, todavía guardan secretos capaces de alterar la manera en que entendemos una época. Eso es precisamente lo que ha ocurrido con una pintura realizada hacia 1748 por Joshua Reynolds, uno de los grandes nombres del retrato británico. La obra muestra al joven oficial naval Paul Henry Ourry posando con gesto seguro mientras, a su lado, un niño negro vestido con turbante blanco y chaqueta azul dirige la mirada hacia él.
Durante generaciones, aquel muchacho fue poco más que una presencia secundaria. Los visitantes de la mansión de Saltram, en Plymouth, donde se conserva el cuadro, apenas conocían su supuesto nombre: “Jersey”. Nada más. Ni su procedencia, ni su edad, ni qué había sido de él. Algunos especialistas incluso dudaban de que hubiese existido realmente. En el siglo XVIII era relativamente habitual que los retratos aristocráticos incluyeran figuras racializadas como símbolo de prestigio y poder colonial, aunque en ocasiones esos personajes ni siquiera correspondían a personas concretas.
Sin embargo, tal y como ha revelado una investigación conjunta impulsada por el National Trust, la National Gallery y Royal Museums Greenwich, el niño existió. Y no solo eso: los investigadores han conseguido reconstruir parte de su vida gracias a registros navales, libros de alistamiento, cartas y documentos del Almirantazgo británico.
El hallazgo comenzó con una pregunta aparentemente sencilla: ¿quién era realmente el niño del retrato? El historiador Mark Brayshay, investigador vinculado a la Universidad de Plymouth, decidió rastrear los archivos de la Marina británica buscando cualquier referencia relacionada con Ourry. Poco a poco empezaron a aparecer pistas inesperadas. En varios documentos de barcos de guerra surgía repetidamente un nombre: Boston Jersey.
La investigación permitió descubrir que “Jersey” no era un nombre propio, sino probablemente un apellido o un apodo vinculado al entorno familiar de Ourry. El oficial procedía de una familia hugonote asentada en la isla de Jersey tras huir de Francia. El término “Boston”, en cambio, apunta a otra posibilidad todavía más fascinante: que el niño hubiese vivido anteriormente en Boston, en la colonia británica de Massachusetts, antes de llegar a Inglaterra.

Durante casi 280 años fue solo una figura secundaria en un retrato naval británico. Ahora, los archivos han devuelto su nombre a la historia.
El avance decisivo llegó gracias a un certificado de bautismo localizado en archivos de Westminster. El documento, fechado el 30 de julio de 1752, menciona a “un cierto niño negro llamado Boston Jersey” bautizado con el nombre de George Walker y con una edad aproximada de quince años. Ese dato permitió calcular que tendría unos once años cuando Reynolds lo pintó.
La documentación naval también ha permitido reconstruir parte de su trayectoria en la Royal Navy. Boston Jersey sirvió junto a Ourry entre 1747 y 1753 a bordo de varios barcos, entre ellos el HMS Salisbury, el Monmouth y el Deptford. En los primeros registros aparece clasificado como “sirviente” del oficial, pero años después su posición cambia dentro de las listas de tripulación.
Ese detalle resulta clave porque sugiere que el muchacho dejó de figurar únicamente como propiedad o asistente personal para ocupar un lugar entre los marineros del barco. Tal y como indica la investigación, incluso alcanzó el rango de marinero cualificado, una categoría reservada a hombres con experiencia en navegación y maniobras marítimas.

El rastro documental termina en 1753, cuando fue dado de baja en Menorca, entonces bajo control británico. Después, desaparece por completo de los archivos. Los investigadores desconocen si continuó trabajando en otros navíos, si logró rehacer su vida o si terminó nuevamente atrapado en redes de esclavitud. Ese silencio documental resume, en parte, el drama de miles de personas racializadas en el mundo atlántico del siglo XVIII: vidas enteras borradas de los registros históricos.
Boston Jersey aparece por primera vez como algo más que un símbolo decorativo en un retrato aristocrático: emerge como una persona real con una trayectoria documentada en la Marina británica.
La restauración reciente del cuadro también ha aportado información inesperada. Técnicas como radiografías, reflectografía infrarroja y análisis microscópicos permitieron estudiar cómo trabajó Reynolds en esta obra temprana. Los especialistas descubrieron que el artista había planeado inicialmente un paisaje natural mucho más elaborado, aunque finalmente optó por un fondo oscuro y neutro.
Pero el detalle más revelador estaba bajo la pintura del propio Jersey. A diferencia del rostro de Ourry, preparado mediante capas previas y estudios detallados, el niño fue pintado sin esa fase inicial. Esto sugiere que Reynolds no trabajó con él posando durante largas sesiones y que el retrato probablemente no refleje con exactitud sus rasgos reales.

Aun así, el resultado conserva una fuerza extraordinaria. Tras la limpieza del barniz y la eliminación de antiguas restauraciones, el rostro del muchacho ha recuperado detalles que llevaban décadas ocultos. Hoy se distinguen mejor sus ojos, el brillo del pendiente de perla y los delicados adornos de su turbante.
La pintura vuelve ahora a exhibirse en Saltram junto a un retrato relacionado del capitán George Edgcumbe, reunidos por primera vez en más de dos siglos. Y aunque todavía quedan enormes vacíos sobre la vida de Boston Jersey —o George Walker—, la investigación ha conseguido algo fundamental: devolver identidad a alguien que durante casi 280 años había permanecido relegado a un rincón del cuadro y de la historia.
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