La NASA iniciará entre septiembre y noviembre de este año la primera fase de construcción de una base en el polo Sur de la Luna. Para lograrlo, la agencia espacial utilizará un módulo de aterrizaje no tripulado de la empresa Blue Origin, propiedad de Jeff Bezos.
Esta misión inicial, bautizada bajo el nombre de "Moon Base One", destaca como el primer viaje de un alunizador con financiamiento privado en la historia de la exploración espacial. El vehículo espacial, un modelo Mark One Endurance, tocará suelo en la cresta del cráter Shackleton, según lo reseñó EFE.
Según detalló Jared Isaacman, administrador de la NASA, el viaje cumplirá un doble propósito: trasladará dos cargas científicas clave de la agencia y pondrá a prueba tecnologías críticas para mitigar los peligros en futuros viajes tripulados.
Tres pasos antes de que termine el año
En otro orden de ideas, el cronograma para este año contempla un despliegue rápido. Tras el viaje de Blue Origin, una segunda misión despegará antes de que concluya el año a cargo de la firma estadounidense Astrobotic Technology.
Este carguero espacial llevará más de media tonelada de material a la superficie de la Luna, el cual incluye un vehículo de exploración (róver). Finalmente, una tercera nave de la compañía Intuitive Machines completará el ciclo inicial con el fin de examinar los misterios detrás de las anomalías magnéticas del satélite natural, según informó EFE.
Si bien, este trío de lanzamientos robóticos abrirá las puertas a un proyecto macro que proyecta el envío de más de cuatro toneladas de suministros mediante 25 despegues y 21 alunizajes de aquí a 2029.
Una estructura en el polo Sur
Por su parte, la NASA seleccionó el polo Sur lunar debido a un factor estratégico: la existencia de hielo en sus zonas de sombra eterna, un recurso vital para garantizar el sustento de los astronautas. Carlos García Galán, el científico español al frente del programa Moon Base, describió la futura instalación como una red de infraestructuras que abarcará cientos de millas cuadradas, destacó EFE.
El plan contempla además el despliegue de una red propia de satélites de comunicación, drones, vehículos todoterreno y sistemas de observación.
Posteriormente, la segunda fase del proyecto, fijada entre 2029 y 2032, sumará 27 lanzamientos para transportar 60 toneladas adicionales de equipo. Esto consolidará la estructura base y permitirá el inicio de misiones tripuladas de forma semestral.
Finalmente, la tercera etapa buscará la autonomía total del complejo mediante 29 despegues orientados a sostener la presencia humana continua en el entorno lunar.
Los desafíos del entorno lunar
La supervivencia en la base pondrá a prueba la tecnología humana frente a un clima hostil. Además, los astronautas soportarán variaciones térmicas extremas, con registros que rozan los 120 grados centígrados durante el día y caen por debajo de los -120 grados en la noche, según enfatizó EFE.
Para resolver el reto del suministro eléctrico bajo estas condiciones, García Galán confirmó que la estación combinará captadores de energía solar con reactores nucleares compactos. El sistema generará una potencia base de entre 2 y 15 kilovatios, con picos de hasta 20 kilovatios gracias al soporte nuclear, respaldado por una infraestructura capaz de almacenar cientos de kilovatios por hora.
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