El Cadillac Vistiq es un SUV eléctrico de tres filas con 615 hp, batería de 102 kWh y una autonomía estimada de entre 483 y 491 km según la versión. Lo manejamos en una carretera de montaña en California, y la sorpresa fue grande. El problema es el contexto: es de los pocos Cadillac eléctricos que México todavía no verá.

Estamos frente a un segmento que ya tiene pesos pesados: el Rivian R1S, el Lucid Gravity —su rival más directo—, el Volvo EX90 y la propuesta de Mercedes-Benz, más los que vienen. El Vistiq llega con otra mirada, la de un lujo estadounidense que no se disculpa por su tamaño.
¿Qué comparte el Vistiq con el Chevrolet Blazer EV?
Bajo la piel comparte la arquitectura BEV3 de General Motors con el Chevrolet Blazer EV; el Vistiq es la lectura premium de esa misma base de SUV mediano, estirada hacia arriba en materiales, potencia y ambición, con el Escalade IQ como hermano mayor. No llega a esas grandes ligas de tamaño, pero tampoco le falta mucho: imponente, de casi cinco metros, se planta sobre el asfalto con autoridad.

El lenguaje eléctrico de Cadillac está resuelto con una parrilla cerrada con iluminación de fondo y el emblema horizontal retroiluminado, que le dan una presencia limpia y elegante. En la parte baja, unas tomas de aire activas se abren y cierran según la necesidad aerodinámica, y la firma luminosa vertical sustituye al faro tradicional por una constelación de pequeños proyectores individuales. Calza rines de 21 pulgadas de dos tonos, manijas ocultas a ras de carrocería con acceso por tarjeta o teléfono y cámaras de 360 grados.
Un interior que olvida su origen Chevrolet
Por dentro, el salto respecto a su origen es inmediato. Hay metales que son metales de verdad, piel, aluminio cepillado y madera que, hasta donde se puede juzgar, también es auténtica. El nivel de acabados, ensambles y elección de materiales habla del dinero que Cadillac invirtió aquí. En nuestra ruta no apareció un solo ruido extraño: todo se siente firme y bien montado.

El habitáculo respira espacio: consola flotante, techo panorámico que reparte luz hasta la segunda fila y una tercera con cristal individual que evita la sensación de encierro. La versión que probamos monta asientos individuales en la segunda fila, con capacidad para seis pasajeros. Y un detalle delicioso: hay bocinas AKG en los respaldos de los asientos, capaces de dar indicaciones puntuales —una llamada, la navegación— sin mezclarse con la música de la cabina.

La tecnología es protagonista, para bien y con un par de reparos. Domina una gran pantalla continua con Google integrado de fábrica; no hay Apple CarPlay, porque la marca apuesta a resolver casi todo desde su propio entorno, con Alexa, Spotify y aplicaciones descargables. Se opera con facilidad, pero no celebramos que casi todo dependa de la pantalla: se extrañan los botones físicos, sobre todo uno para los modos de manejo. El equipo de audio, 23 bocinas AKG con Dolby Atmos, está calibrado a un nivel que se nota desde el primer compás.
¿Cómo se maneja un SUV eléctrico de 2.8 toneladas?
En lo mecánico, el Vistiq monta un sistema de doble motor con tracción integral permanente sobre la plataforma BEV3, que admite hasta tres motores; en esta configuración entrega 615 hp, cerca de 70 por encima de la versión más potente del Chevrolet con el que comparte huesos. El par motor, de 650 lb-pie de entrega casi instantánea, explica el empujón. Cadillac declara 3.7 segundos de 0 a 96 km/h con la función Velocity Max en pista cerrada.
Pero los números no manejan; las manos sí. Y aquí viene la sorpresa. En una carretera de montaña, con nubes de nieve amenazando arriba, soltamos el modo Sport y este Cadillac se transformó. Acelera con rabia y a fondo lo llevamos hasta poco más de 210 km/h, donde insistir deja de tener sentido: es muy pesado y contra la física no se gana. Lo notable no es la potencia, es la compostura. Se siente el peso, los neumáticos trabajan al límite y avisan, pero el conjunto es sorprendentemente ágil y obediente para sus dimensiones.
La dirección apunta bien: directa, rápida, y endurece con la velocidad. Los frenos muerden con autoridad, indispensable para tanto kilo, y aprovechan la frenada para regenerar energía. La suspensión logra el equilibrio difícil: firme, con el centro de gravedad bien plantado gracias a la batería en el piso, pero sin renunciar a la comodidad. Y cuando uno se cansa de jugar, el modo Tour devuelve un auto equilibrado, silencioso, con un aislamiento acústico de primer nivel.

Salimos de la prueba gratamente sorprendidos. El Vistiq carga su peso como una virtud, no como una excusa, y deja claro que Cadillac puso aquí más de todo —más batería, más motor, más potencia, más oficio— frente a su contraparte Chevrolet. Es un contendiente serio frente a Rivian, Lucid y compañía. El sabor agridulce lo pone el contexto: manejarlo deja la certeza de que nos estamos perdiendo de algo bueno. Que el lujo eléctrico de tres filas exista a este nivel y no llegue todavía a nuestro mercado dice más de las prioridades de la marca que del producto. El Vistiq está listo; falta que México entre en la conversación.

























