Después de días de zozobra, el jueves pasado las autoridades lograron evitar lo peor. La Copa del Mundo fue inaugurada con bombo y platillo. No hubo bloqueos infranqueables, ni confrontaciones violentas desbordadas, ni víctimas que lamentar. Ante la opinión pública internacional, no hubo actos de represión, ni tampoco un fracaso organizativo, que hiciera ver mal a la ‘4T’.
Este año, hay que mencionarlo, el gobierno jugó con una ventaja importante: la profesionalización de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX, que el sexenio pasado estuvo bajo el mando de Omar García Harfuch y actualmente es encabezada por Pablo Vázquez. La policía capitalina operó con más inteligencia y con mejores condiciones que en el pasado. El operativo para la inauguración salió impecable gracias al trabajo previo. Por ejemplo, a que días antes se identificara, de forma oportuna, un contingente de maestros y normalistas que pretendía introducir a la capital un cargamento de explosivos de fabricación casera. La inauguración en relativo orden –coronada por el 2 a 0 frente a Sudáfrica– fue un golazo para la policía capitalina y para la jefa de Gobierno, y un respiro para la presidenta Sheinbaum. Cambiaron los ánimos. Nos olvidamos de los meses de obras, de marchas y de tráfico infernal. Por un día, todo fue júbilo.
Después de la inauguración, se podría pensar que la CNTE ha quedado desgastada y débil. Palacio Nacional respondió con un rotundo “no” a lo que de dientes para afuera era la demanda central de los maestros: la abrogación total de la Ley del ISSSTE de 2007. Sin embargo, vistas de cerca las cosas, la fiesta del 11 de junio fue una victoria pírrica para la ‘4T’. La abrogación de la Ley del ISSSTE era, desde el principio, una demanda imposible de cumplir, por su costo impagable para las finanzas públicas. Se trata de una de esas demandas calculadas para sentarse a negociar. Como el que vende un coche o una casa y de entrada pide un precio absurdo. Pero lo que el magisterio disidente de verdad buscaba era la desaparición de la USICAMM, el organismo que maneja el ingreso, promoción y evaluación docente, considerado por los maestros como punitivo y heredero de los tiempos neoliberales de Peña Nieto. En las vísperas del Mundial el gobierno se comprometió a eliminarlo. Si la CNTE no se atrevió a más durante la inauguración fue, al menos en parte, para no poner en riesgo este compromiso.
Se tiene programado que hoy lunes se lleve a cabo una mesa con Rosa Icela Rodríguez (Segob), Mario Delgado (SEP) y los representantes de la CNTE, donde se discutirá la liquidación del USICAMM y las nuevas condiciones para el ingreso, promoción y evaluación de los docentes. La coordinadora quiere que los sindicatos recuperen el control de plazas. Decidir de forma discrecional a quién contratan y a quién ascienden, revirtiendo más de tres décadas de construcción de la carrera magisterial. De esta forma, la CNTE se aseguraría también de contar en los años por venir con una clientela de cientos de miles de maestros, a los que podría movilizar a su antojo para imponer nuevas exigencias.
Así que todo apunta a que los conflictos con la CNTE están lejos de haber llegado a su clímax. Lo que vimos la semana pasada muy probablemente fue el preludio de lo que se podría convertir en otro gran dolor de cabeza en los años que le quedan al sexenio de Claudia Sheinbaum. La administración de AMLO fue un desastre en materia de seguridad. Sin embargo, también fueron años de una relativa tregua con las organizaciones sindicales con más poder de convocatoria, de forma particular la CNTE. La tregua se terminó y no porque la CNTE se sienta acorralada, sino porque percibe que la presidencia ya no es todopoderosa y optó por retomar la iniciativa.
Vale la pena subrayar que la propia estructura de la CNTE funciona como un blindaje frente a las típicas estrategias de presión a las que recurre el gobierno. En el caso de la CNTE no hay una cúpula inamovible –y ostensiblemente corrupta–, a la que se pueda coaccionar, como ocurrió con el SNTE de Elba Esther Gordillo. La CNTE opera sobre un engranaje institucional sofisticado, que no sólo busca perpetuar liderazgos concretos, sino que se concibió para preservar el radicalismo y la fuerza de la disidencia magisterial.
Así que en las negociaciones de hoy y de los días que vienen no se vislumbra una salida fácil para el gobierno. Por un lado, si Rosa Icela Rodríguez y Mario Delgado no cumplen con la promesa de entregar el control de las plazas, corren el riesgo de desatar una nueva oleada de movilizaciones y bloqueos que empañe el Mundial. Por otro lado, si ceden demasiado, estarán alimentando las movilizaciones de los próximos años. Una CNTE con control sobre las plazas no dudará en multiplicar sus marchas y plantones. Dicho sea de paso, las afectaciones no solo se concentrarán en la capital, sino en todas las secciones donde la coordinadora es fuerte: en Oaxaca en primerísimo lugar, en Chiapas, en Michoacán y en Guerrero (estados que desafortunadamente no cuentan con fuerzas policiales que puedan hacer una contención eficaz, como la que vimos en la capital). Eso ya sin hablar, por supuesto, de la calidad de la educación que se imparte en las escuelas.



















