惯性聚合 高效追踪和阅读你感兴趣的博客、新闻、科技资讯
阅读原文 在惯性聚合中打开

推荐订阅源

IT之家
IT之家
The GitHub Blog
The GitHub Blog
F
Fortinet All Blogs
Last Week in AI
Last Week in AI
OSCHINA 社区最新新闻
OSCHINA 社区最新新闻
L
LangChain Blog
爱范儿
爱范儿
博客园_首页
Stack Overflow Blog
Stack Overflow Blog
MongoDB | Blog
MongoDB | Blog
博客园 - 三生石上(FineUI控件)
大猫的无限游戏
大猫的无限游戏
宝玉的分享
宝玉的分享
GbyAI
GbyAI
H
Help Net Security
A
About on SuperTechFans
Recent Announcements
Recent Announcements
Hugging Face - Blog
Hugging Face - Blog
freeCodeCamp Programming Tutorials: Python, JavaScript, Git & More
雷峰网
雷峰网
D
Docker
博客园 - Franky
有赞技术团队
有赞技术团队
G
Google Developers Blog

El Financiero

Marines de México y EU entrenan juntos: Así fueron los ejercicios navales en el océano Pacífico Sonrientes y con Integrity: Así lucen los 4 astronautas un día después de su regreso a la Tierra ¿Cómo llegar al América vs. Cruz Azul en transporte? Rutas, horarios y precios para ir al Estadio Banorte (Videos) Operación 24/7 sin descanso: Camiones sin chofer ya cruzan rutas clave en la frontera México-EU Adiós a las pensiones doradas: Sheinbaum publica decreto para poner tope a pagos de exfuncionarios Pascua ortodoxa ‘regala’ tregua efímera a Ucrania: Hay un alto al fuego por 32 horas por la festividad La inflación da un golpe de realidad a Banxico Recibe Olas Altas a miles de motociclistas Sentencian a 140 años de prisión a esposa del exalcalde de Nahuatzen por secuestrarlo y asesinarlo Tras incendio en Dos Bocas, Ayuntamiento de Paraíso exige analizar el aire y evaluar riesgos a la salud Dos crisis y un entorno impredecible, ¿Podemos construir una transición sólida? Fatiga y estrés en tiempos de la IA México Femenil ‘aplasta’ 9-0 a Islas Vírgenes: Está ‘a un paso’ de clasificar al Campeonato Concacaf W ‘Están matando a antiguos miembros’: ¿Es real la ‘guerra civil’ de chimpancés en Uganda? Esto sabemos Colectivos y FGR regresan al rancho Izaguirre en Teuchitlán: ¿Qué ha pasado a un año del hallazgo? Marichelo reacciona a rumores de infidelidad de Jorge D’Alessio: ‘No soy la única mujer que pasa por esto’ El regreso de la misión Artemis II a la Tierra EN VIVO: Sigue el minuto a minuto del amerizaje Sheinbaum confirma ficha roja contra Silvano Aureoles tras presuntamente fugarse con ayuda del CJNG ¿Qué pasó con Óscar Adrián Granados, futbolista amateur encontrado sin vida? Esto se sabe del caso Misión Artemis de la Luna a Marte: Este es el año en el que la NASA prevé dos alunizajes (VIDEO): Nace Yuji, un mono que ya es el ‘Punch tapatío’ del Zoológico Guadalajara Regreso de Artemis II a la Tierra: ¿Cómo se recuperan los astronautas del viaje? ‘El espacio te cambia’ Arrestan a sospechoso de lanzar bomba molotov contra casa del director de OpenAI en California ¿Otro ‘megaparo’ nacional en abril? Transportistas y campesinos rompen diálogo con Gobernación Fin de semana tormentoso en CDMX: Prevén lluvias fuertes y posible granizo para los siguientes 3 días Wall Street termina en mixto por conflicto en Medio Oriente: ¿Cómo cierra HOY? ¿Por qué los astronautas de Artemis II ganaron un suministro de papel de baño por un año? El sábado también aplica: ¿Cómo opera el Hoy No Circula para el 11 de abril en CDMX y Edomex? ‘Me gustan mucho tus programas’: Así conoció Matías Almeyda, exentrenador de Chivas, a Adrián Marcelo Pemex abre investigación por incendio en refinería de Dos Bocas; descarta riesgo para la población
Convertir las limitaciones en método
María Scherer Ibarra · 2026-06-19 · via El Financiero

¡La mamá de Camilo Lara no supo que su hijo era músico hasta Coco, la película de Pixar que ganó el Oscar. La que hizo llorar a medio mundo con la historia de un niño mexicano que cruza al mundo de los muertos para encontrar a su familia. Hasta entonces, Rosa María Álvarez González –abogada, ganadora del Premio Nacional de Derechos Humanos– pensó que su tercer hijo hacía... otra cosa. Algo que no involucraba guitarras, bajos ni baterías.

Camilo Lara es uno de los productores y músicos mexicanos más influyentes del mundo. Su proyecto, el Instituto Mexicano del Sonido –autizado con ese nombre burocrático como una broma–, había salido en Y tu mamá también, en Narcos, en Breaking Bad. Había colaborado con Beck; con Damon Albarn, de Gorillaz, con Manu Chao, con Sly and Robbie, con Toots and the Maytals. Había recibido un Grammy. Había lanzado seis discos. Y su mamá (no se le puede culpar) seguía sin saber bien a bien a qué se dedicaba.

Quizás eso diga más sobre la naturaleza de su trabajo que cualquier currículum. Lara opera en los bordes, en los lugares donde la música vive, pero nadie la identifica por nombre.

Tiene 50 años. “El primer chilango en generaciones de mi familia”, dice, con una mezcla de orgullo y resignación. Sus padres, abogados con doctorado, investigadores del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y activistas, se conocieron en Chihuahua, se casaron jóvenes, y antes de instalarse en el DF hicieron una pausa en Nápoles para estudiar. Regresaron al país en 1967 justo a tiempo para meterse en el movimiento estudiantil.

Camilo Lara creció en Coyoacán. Mientras sus hermanos aprendían guitarra, él miraba desde la orilla. Era zurdo. Y disléxico. Un disléxico severo, producto de un accidente que tuvo a los cinco años: se ahogaba en una alberca. Lo encontraron flotando. Estuvo muerto un rato. La falta de oxígeno dejó secuelas. Su cerebro, sostiene, está conectado de manera diferente. Para nuestra fortuna…

Lo que sí tenía conectado era el oído. Pasó la secundaria siendo el tipo que acumulaba discos. En lugar de la guitarra encontró los sintetizadores y los samplers, que no exigen que las manos recuerden qué va antes y qué va después, que no distinguen entre zurdo y diestro. La historia de Camilo Lara es la historia de alguien que convirtió sus limitaciones en método. La colección de discos que compraba para darse gusto terminó siendo el archivo sonoro desde el cual creó un proyecto artístico entero.

Por diversas circunstancias, a los 15 años Camilo se quedó solo en la casa de Coyoacán. Para sostenerse trabajó de mesero. Ponía música mientras atendía mesas. Un día llegaron dos clientes que le preguntaron qué canción sonaba. Uno de ellos lo invitó a una nueva estación de radio. Se llamaba Radioactivo. El hombre que lo contrató era José Álvarez. Su jefe directo era Martín Hernández. Trabajaba ahí Alejandro González Iñárritu, era un talento joven con buen oído.

Luego quiso ser manager. Eso no jaló, pero lo llamaron de la disquera EMI; le ofrecieron el puesto más bajo del organigrama: promotor de radio. Ahí entendió la escena musical mexicana de los 90 y convenció a sus jefes de firmar a un par de artistas que nadie quería: Gran Silencio, el grupo regio que mezclaba hip hop con cumbia norteña, y Plastilina Mosh. Lo ascendieron una vez y otra. En las noches, se iba de rave. Era DJ en fiestas underground donde tocaba sus discos de chachachá y danzón entre gente que esperaba techno y que a veces le aventaba botellas. “Era tremendamente antipopular mi DJ set”, cuenta.

Para 1999 ya era jefe de una división de EMI llamada Virgin. Tenía casi listo su primer disco. Entonces, Alfonso Cuarón le hizo la pregunta que cambió el rumbo de todo: “¿Vas a pasar toda tu vida en una oficinita, con tu escritorito y tu computadorcita?” Renunció. Con Cuarón, el empresario Jorge Vergara y el periodista José Enrique Fernández formó un sello discográfico llamado Suave. Duró menos de un año. Cuarón se fue a dirigir Harry Potter a Inglaterra, Vergara compró las Chivas, Suave se desmoronó y Camilo volvió a quedarse sin nada. “Extrañé mi cubículo. Extrañé ser ese miserable burócrata”.

Pasó un año horrible en Warner. Lo llamaron de EMI otra vez, pero con la misión de hacer un diagnóstico de la compañía que estaba en problemas. Querían que les ayudara a bajar la cortina. Entonces firmó a RBD.

Nadie esperaba gran cosa. La compañía estaba en su punto más bajo. Pero el disco de RBD se convirtió en el fenómeno musical más grande del planeta, con ventas que superaron a Coldplay. EMI no cerró. Camilo se quedó siete años como vicepresidente, luego como presidente de la compañía para México. Por las noches, seguía haciendo música, remixes para artistas, para amigos. Un sello español le preguntó si tenía música propia. Lo oyeron y lo rechazaron. Camilo regresó a su computadora y grabó más canciones. Las tomó todas, alteró el orden, esperó y las reenvió. Ése es el primero Méjico Máxico (2006), un disco hecho de fragmentos: más de 15 o 20 mil samples, pedazos de discursos políticos, de canciones de los años 20 hasta los 60, de la voz de Juan Rulfo recitando sus propios textos, de Gustavo Díaz Ordaz hablando en algún discurso oficial. Todo mezclado con cumbia, chachachá, danzón, con electrónica. Música de baile que suena a México.

Luego vino Instituto Mexicano del Sonido. Resultó la descripción de lo que haría: institucionalizar el sonido mexicano, darle forma, ponerle nombre y mandarlo al mundo. Durante los años siguientes lanzó más discos, como Piñata, Soy Sauce y Político. También produjo a artistas –Los Ángeles Azules, Natanael Cano, Lila Downs, Norah Jones, Band of Horses–, acumuló nominaciones al Latin Grammy y ganó el americano por producir el score y el soundtrack de Y tu mamá también.

A mediados de los dosmiles dejó la industria discográfica para dedicarse a su música y a sus proyectos. Uno de los más extraños –y más exitosos– es Mexrrissey, un homenaje a Morrissey y The Smiths, en español, con arreglos de cumbia y música popular mexicana. No Manchester se convirtió en el primer álbum mexicano en aparecer en las listas de popularidad del Reino Unido.

Luego llegó Coco. La película y la música necesitaban a alguien que conociera bien nuestro sonido. Camilo Lara fue consultor musical del proyecto. Hizo la música incidental. Coordinó la dirección musical. Y tiene hasta un cameo, un personaje animado que aparece entre los muertos.

De ahí vino Narcos, Thor: Amor y Trueno, Black Panther: Wakanda Forever, una estación de radio propia (dentro del videojuego Grand Theft Auto V). Diarios y revistas internacionales lo nombraron una de las 50 personas más influyentes de América Latina, uno de los mexicanos que dan forma a la cultura contemporánea.

Cuando le pregunto si se considera músico, responde que está peleado con el título de músico. “Para mí es un medio. Hago música porque no estoy escribiendo. Es donde recaigo más, pero mi fin último no es hacer discos. Para mí la idea de un músico es muy pequeña. Hace una semana leía una nota de que Rick Rubin no sabe música, no lee partitura, y es el mejor productor del mundo. No es que no sepa música. Es que sabe de la vida”.

Hoy, Camilo Lara está en otro proceso. Lleva tiempo escribiendo. No mezcla ni canciones ni scores de películas: historias. Su historia. “Me veo en el futuro migrando de hacer música a escribir”. Con suerte, la historia que todavía no ha escrito será la versión más lenta y solitaria de lo que siempre ha hecho Camilo Lara.