Ayer viernes 22 de mayo la presidenta volvió a sostener que el pacto gasolinero sigue firme y que no hay desabasto. Sin embargo, los reportes operativos del sector dicen otra cosa. De acuerdo con empresarios del sector, esta semana, 11 estados presentan afectaciones: Aguascalientes y Zacatecas con desabasto confirmado de Magna y Premium; Saltillo en sobredemanda mientras Pemex le saca producto para “apagar el incendio” en Monclova; Chihuahua, Ciudad Juárez, El Castillo, Tula, Querétaro, Zamora, Toluca, Azcapotzalco, Cadereyta y Santa Catarina con afectaciones documentadas en los últimos días.
Los números explican lo que se evita explicar por parte del gobierno. La Magna lleva un año topada en 24 pesos por litro, sin decreto que lo respalde; el diésel, fijado en 27, por un pacto “voluntario” cuyos efectos no se han podido medir.
Como efecto de la crisis en Medio Oriente, entre el 27 de febrero y el 15 de abril, el costo de importar gasolina subió 58.6 por ciento y el del diésel 32 por ciento, detallan comercializadores. Así, el flete marítimo desde Estados Unidos pasó de 225 mil a 415 mil dólares por envío. Recordemos que Pemex importa cerca del 70 por ciento del combustible que se consume. Las cuentas no cuadran.
Recordemos que el sistema empezó a tronar por las terminales, le informaba en este espacio que en marzo, Pemex registró 25 interrupciones en sus terminales de almacenamiento; en abril, 34. La respuesta ha sido un parche tras otro: diésel de Zapopan a Lagos de Moreno, combustibles de El Castillo a Manzanillo, diésel de Saltillo a Monclova. Reynosa tiene el almacenamiento en cero. El Valle de México tiene menos de tres días. La ley exige cinco.
Hacia adelante, la situación es insostenible. Los empresarios gasolineros hicieron sus cuentas. El cumplimiento del precio pactado del diésel ya había caído al 61 por ciento antes incluso de que el desabasto se generalizara: cuatro de cada diez estaciones vendían arriba del tope. Ahora bajan inventarios, reducen volúmenes de pedido, eligen qué estación abrir y cuál cerrar “por mantenimiento”.
El gobierno apostó a que los precios cederían antes de que el sistema colapsara. Habrá que ver. Hay que tomar medidas pronto, pues sostener el “pacto” en la mañanera tendrá un costo cada vez más alto conforme el mapa del desabasto se siga ampliando hacia el norte y el Bajío. Negar lo que los conductores ya ven en las gasolineras erosiona algo más valioso que un precio tope: la credibilidad del Ejecutivo en un tema que toca el bolsillo todos los días.
El combustible más caro es el que no llega.






















