La revisión del T-MEC este año no es una típica renegociación técnica, de hecho, será la prueba de fuego para la nueva arquitectura de poder en México, donde la línea entre la estrategia comercial y la lealtad política se ha vuelto peligrosamente difusa. Mientras en Washington el proceso está regulado hasta el último detalle por la Trade Act de 1974, en la Ciudad de México las reglas las escribe quien esté sentado en la silla. “El proceso de negociación en México no está tan definido como en EU”, afirma Jorge Molina Larrondo, consultor independiente y exnegociador del TLCAN. “La ley solo dice que las negociaciones comerciales las llevará la Secretaría de Economía en coordinación con Hacienda y Relaciones Exteriores. El presidente le va cambiando.”
Ese vacío legal ha sido tradicionalmente una espada de doble filo, pues en administraciones anteriores, el sector privado gozaba de acceso institucionalizado a través del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior (COMCE), que declinó hacer comentarios, o del famoso “cuarto de junto”. Pero 2026 es un año distinto, ya que el gobierno actual ha dinamitado esas estructuras, centralizando el diálogo en un pequeño círculo de poder donde la capacidad técnica parece haber pasado a segundo plano frente a la lealtad política.
“Marcelo Ebrard no tiene ninguna obligación legal de hacerle caso al sector privado”, sentencia Molina Larrondo. “Si no quiere hacerle caso a José Medina Mora (presidente del Consejo Coordinador Empresarial), o nada más darle la vuelta, no hay ningún problema. Por ley, no tiene ninguna obligación”.
El vacío que ha dejado el poder negociador del COMCE en el pasado no ha sido llenado. En su lugar, surge una estructura paralela dominada por un puñado de figuras cuyo poder no reside en los organigramas oficiales, sino en su cercanía a la cúpula presidencial.
De hecho, Jorge Esteve, presidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA) advirtió recientemente que sin el “cuarto de junto” la iniciativa privada no tendrá participación completa en las negociaciones, dándole al gobierno todo el peso técnico de la negociación del T-MEC.
El Dream Team y el operador técnico
Al frente del equipo mexicano está Ebrard, secretario de Economía. Su perfil es político, y su capacidad para navegar las tensiones bilaterales será determinante. Inmediatamente debajo de él se encuentra Luis Rosendo Gutiérrez, subsecretario de Comercio Exterior, a quien los especialistas señalan como el verdadero operador.
“Ebrard es la cabeza, pero el operativo es Luis Rosendo, el que se encarga del día a día, de repartir el trabajo”, detalla Molina Larrondo. “Y a él le reportan los diferentes negociadores responsables de los grupos: reglas de origen, aranceles, solución de controversias, etc”.
Entre ambos, sin embargo, hay un trecho significativo que debería cubrir la figura del director general de Consultoría Jurídica de Comercio Internacional. En administraciones pasadas, ese puesto lo ocupaban técnicos de carrera como Guillermo Aguilar o Hugo Pérez Cano. Hoy, ese puesto es difuso. “Existe una enorme incógnita sobre el expertise que tenga hoy ese perfil”, reconoce el exnegociador.
El blindaje jurídico
Samantha Atayde, socia de RRH Consultores y quien fuera la abogada en jefe de las negociaciones del T-MEC en la Secretaría de Economía en el año 2018, advierte que el acompañamiento legal es la columna vertebral de cualquier acuerdo duradero.
“El blindaje jurídico de los acuerdos comerciales es esencial”, sostiene Atayde. “El acompañamiento jurídico resulta indispensable para asegurar que las decisiones y acuerdos sean coherentes con el Tratado y protejan los intereses de México. Los aspectos más relevantes de un acuerdo suelen encontrarse en los detalles”.
Su advertencia apunta directamente a la revisión de 2026, pues no basta con que un acuerdo sea políticamente viable en el corto plazo; debe ser jurídicamente sólido para resistir cambios de gobierno, presiones económicas y tensiones geopolíticas.
Altagracia y la nueva guardia empresarial
El perfil más llamativo en este tablero es Altagracia Gómez Sierra. Coordinadora del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización (CADERR), no es una funcionaria pública al uso, pero su influencia es innegable al ser la encargada de alinear al sector manufacturero con la estrategia del gobierno de cara a la revisión del Tratado.
Su papel, sin embargo, carece de anclaje legal. “El gobierno mexicano no tiene ninguna obligación de escuchar al sector privado”, insiste Molina Larrondo. “La relación del sector privado con Economía depende de una persona: el secretario”, agrega.
Respecto a la aparición de nuevas figuras políticas en el ecosistema de la negociación, como Altagracia Gómez, Medina Mora prefiere hablar de coordinación, no de relevo. “Realmente es un trabajo en equipo. Tenemos una coordinación estrecha con Altagracia, con Julio Berdegué (exsecretario de Agricultura), con el futuro embajador Roberto Lazzeri. Este equipo adicional que puso el gobierno mexicano, además del equipo de la Secretaría de Economía, estamos trabajando coordinados, tenemos mucha comunicación”.
Medina Mora insiste en que la comunicación con la Secretaría de Economía no solo existe, sino que se ha intensificado en los últimos meses. “Tenemos mesas técnicas. Nos hacen consultas específicas en temas como el acero, la automotriz, el aluminio, el farmacéutico, dispositivos médicos”. El objetivo, dice, es proveer a los negociadores mexicanos de la información sectorial que requieren para dialogar con sus contrapartes.
El balón ya está en la cancha
A diferencia de 2018, cuando la renegociación del TLCAN concentró la atención en un puñado de jugadores visibles, la revisión de 2026 se parece más a un equipo descentralizado. ¿Será que con tantos capitanes y una cancha en constante movimiento, el equipo podrá articular una sola jugada de gol? O si, por el contrario, la falta de una línea de mando clara terminará por fragmentar el peso de México en la mesa de negociación.
Marcelo Ebrard Casaubon

Cargo actual: secretario de Economía (desde octubre de 2024)
Rol en la negociación: Estratega y máxima autoridad política del equipo negociador mexicano. Aunque el trabajo técnico recae en la Subsecretaría de Comercio Exterior, es el rostro público del proceso y quien establece los márgenes de maniobra política del país en la mesa. Su principal objetivo declarado es preservar el tratado, mantener el mayor volumen posible de comercio libre de aranceles y reducir la incertidumbre para los inversionistas.
Con una trayectoria de más de 40 años en el servicio público (Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Secretario de Relaciones Exteriores y contendiente presidencial), Ebrard es un político experimentado en navegar tensiones institucionales. Su mayor fortaleza es su capacidad de interlocución con el sector público de EU; su principal vulnerabilidad es que su perfil es más político que técnico. En la práctica, su papel se centra en destrabar nudos políticos que los equipos técnicos no pueden resolver, así como en alinear los intereses de las distintas secretarías en torno a una posición común. Su verdadero poder radica en que es el único negociador que puede hablar directamente con la presidenta Claudia Sheinbaum y, a través de ella, con la cúpula del poder en México.
Luis Rosendo Gutiérrez Romano

Cargo actual: subsecretario de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía
Rol en la negociación: Operador principal y coordinador técnico del equipo mexicano. Como lo describen los expertos, es quien se encarga del día a día, de repartir el trabajo y a quien reportan los jefes de los grupos técnicos (reglas de origen, aranceles, solución de controversias y el resto de mesas de negociación). Es la bisagra entre los especialistas sectoriales y el nivel político de la negociación.
Su formación es técnica: cuenta con una licenciatura en Economía y otra en Ciencias Políticas por el ITAM, una maestría en Desarrollo Económico por la London School of Economics (LSE) y un doctorado en Gobierno por la Universidad de Essex. Trabajó en la entonces Secretaría de Comercio y Fomento Industrial, la SHCP y el IMSS, así como en el Gobierno de la Ciudad de México.
Su postura es clara: México debe preservar el libre comercio regional, fortalecer cadenas de suministro y reducir la dependencia de Asia. Su influencia es enorme, pero se ejerce desde las sombras. Es el técnico que convierte las directrices políticas en textos funcionales y quien, a menudo, toma decisiones que no trascienden a los medios. Es, sin duda, el perfil con mayor conocimiento de la letra del tratado en toda la administración.
Altagracia Gómez Sierra

Cargo actual: coordinadora del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización de Empresas (CADERR)
Rol en la negociación: Asesora de la presidenta y enlace de alto nivel entre el gobierno y el sector privado. Aunque no tiene asiento en la mesa formal de negociación del T-MEC, su voz es escuchada en las decisiones sobre política industrial, atracción de inversiones y defensa de la soberanía nacional en el comercio. Es la principal promotora del nearshoring y de elevar el contenido regional en las reglas de origen.
Abogada de profesión, con estudios en Oxford y Harvard Business School, Gómez Sierra (34 años) ha construido una carrera como empresaria en los sectores automotriz, transporte, alimentación e inmobiliario, lo que le otorga un conocimiento práctico de las industrias más sensibles del tratado. Su postura es nacionalista pero pragmática: ha llamado a la industria manufacturera a defender los intereses comerciales de México, a la vez que impulsa el aumento de la inversión privada. Su verdadera influencia es política, no institucional. Al ser una colaboradora cercana de la presidenta Sheinbaum, sus planteamientos pueden llegar directamente a la cúpula del gobierno, lo que la convierte en una figura clave, aunque su papel exacto en la negociación sigue siendo una incógnita para los negociadores comerciales de carrera.
José Medina Mora Icaza

Cargo actual: presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE)
Rol en la negociación: Principal interlocutor del sector privado mexicano ante la Secretaría de Economía. Su función es concentrar las demandas de las cámaras empresariales, filtrarlas y presentarlas a Marcelo Ebrard como insumos técnicos para la negociación. También encabeza el diálogo con sus homólogos en Estados Unidos (Business Roundtable, U.S. Chamber of Commerce) y Canadá, buscando generar posiciones comunes que incidan en los gobiernos.
Con 70 años de edad, Medina Mora es un empresario tecnológico (fundador de CompuSoluciones) y expresidente de Coparmex. En esta última etapa consolidó una imagen de interlocutor firme pero dialogante, lo que le permitió llegar a la presidencia del CCE como candidato de unidad del empresariado. Su postura es clara: México no debe apresurarse a firmar un mal acuerdo con EU y Canadá; el tratado seguirá vigente, con o sin revisión, y el sector privado debe aportar soluciones técnicas, no solo quejas. Su influencia es significativa pero acotada: la ley no obliga al secretario de Economía a escucharlo, pero políticamente no puede ignorar a la voz más representativa del empresariado mexicano. En resumen, es la contraparte institucional de los perfiles más informales del gobierno.
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