Mucho antes de convertirse en el líder que desafió al régimen de Porfirio Díaz e hizo estallar la Revolución Mexicana, Francisco I. Madero cultivó una faceta poco conocida que marcó profundamente su vida e incluso impulsó sus ideales políticos: el espiritismo.
Su convicción era tan fuerte que participó en sesiones espiritistas en las que aseguraba recibir mensajes de personas fallecidas, una práctica que le valió burlas, críticas y el calificativo de ser un “loco que se comunicaba con los muertos”.
Aunque durante décadas esta faceta fue presentada como una excentricidad, documentos históricos y estudios académicos revelan que las creencias espiritistas de Madero influyeron de manera decisiva en su pensamiento político, su ética personal y su visión de la democracia.
Para cuando el llamado ‘Apóstol de la Democracia’ asumió la Presidencia de México (1911-1913), ya había participado activamente en múltiples círculos espiritistas inspirados en las enseñanzas del francés Allan Kardec, considerado el padre del espiritismo moderno y principal exponente de esta doctrina.
Durante su breve gobierno, la prensa y sus adversarios políticos aprovecharon las creencias de Madero para desacreditarlo públicamente. La imagen del presidente que conversaba con espíritus se convirtió en un recurso frecuente de sátira y crítica, en un contexto todavía influido por el auge del positivismo y la modernización científica, herencias del Porfiriato.

Francisco I. Madero y su relación con el espiritismo
Enrique Krauze, en su libro Francisco I. Madero, místico de la libertad, narra que el primer acercamiento de Madero al espiritismo se debió a su padre, José Evaristo Madero, un acaudalado empresario que también fue gobernador de Coahuila y que estaba suscrito a la Revue Spirite, una publicación francesa creada y dirigida por Allan Kardec.
Fue precisamente la posición acomodada de Madero lo que le permitió radicar en Francia de 1886 a 1892, en compañía de su hermano Gustavo (1875-1913) y un primo. Durante esa época, Madero no solo realizó estudios en el campo de la industria y el comercio, sino que también asistió a varios círculos espiritistas.
De acuerdo con registros históricos, Madero se adentró en las obras de Kardec en 1891. Desde entonces comenzó una búsqueda espiritual que se intensificó durante sus viajes por Europa y, particularmente, en Francia, donde tuvo contacto con grupos dedicados al estudio de los fenómenos psíquicos.
A su regreso a México, el político coahuilense estaba convencido de poseer facultades como médium escribiente, es decir, la supuesta capacidad de permitir que una entidad o espíritu tome el control de su mano y escriba mensajes de manera automática, mientras la persona está en un estado de trance.
En 1904, Madero fundó La Cruz Astral. Revista mensual de estudios psicológicos y ciencias ocultas, en la que colaboró bajo el seudónimo de Arjuna, personaje de un texto sagrado hindú y de la que más tarde sería redactor en jefe. En 1906 participó como delegado en la Junta Preparatoria del Primer Congreso Nacional Espírita, organizado por la Sociedad de Estudios Psíquicos Central.
Entre 1908 y 1909 redactó el Manual espírita, publicado en 1911 bajo el seudónimo de Bhima, también tomado de la tradición hinduista. En el Segundo Congreso Nacional Espírita (1908) fue nombrado vicepresidente de la Junta y participó activamente en las sesiones, donde defendió la idea de que el espiritismo debía entenderse como una “religión científica”.
A la par de su actividad espiritista y su vínculo con la masonería, Madero también se relacionó con otros círculos del esoterismo, como el Centro Esotérico Mexicano.

¿Por qué decían que Madero hablaba con los muertos?
La práctica espiritista ocupó un lugar central en la vida de Madero. En San Pedro de las Colonias, Coahuila, fundó la Sociedad de Estudios Psíquicos de San Pedro, organización dedicada a difundir y practicar la doctrina espiritista. Durante las reuniones, él fungía como el principal médium del grupo.
Según los diarios espiritistas atribuidos al propio Madero, las sesiones consistían en comunicaciones que eran escritas por su mano mientras estaba en trance. Los asistentes consideraban que esos mensajes provenían de entidades del más allá.
Entre las presencias que aseguraba recibir se encontraba la de su hermano ‘Raúl’, fallecido años atrás en un accidente, así como la de un espíritu llamado ‘José’, que aparecería de forma recurrente en sus escritos.
Lejos de considerar estas experiencias como algo anecdótico, Madero sostenía que las comunicaciones transformaron su carácter y que aquellas presencias se habían convertido en sus guías espirituales y morales. En sus memorias afirmó que sus enseñanzas lo llevaron a convertirse en una persona más disciplinada, comprometida con su familia y preocupada por el bienestar de México.
“Para mí, no cabe ni duda de que la transformación moral que he sufrido la debo a la mediumnidad, y por ese motivo creo que ésta es altamente moralizadora. Como no sería justo que no se beneficiaran mis hermanos (me refiero a toda la humanidad en general) con esos conocimientos y con esa práctica que he adquirido, pienso escribir un libro sobre estos asuntos, tan pronto como pueda disponer de una temporada de calma”, escribió en sus diarios espiritistas.
Los mensajes que Madero recibía de sus “guías” insistían en valores como la caridad, el autocontrol, el rechazo a los vicios y la responsabilidad social. También exhortaban a emplear la riqueza en beneficio de los pobres y los más desfavorecidos.
Con el paso de los años, las comunicaciones adquirieron un tono cada vez más político. Los textos comenzaron a referirse a conceptos como libertad, justicia y patria, elementos que terminarían por definir el discurso de Madero.

La ‘misión’ de Madero anunciada en sus diarios espiritistas
Uno de los aspectos más interesantes de los diarios espiritistas es que, según sus registros, desde 1907 las supuestas comunicaciones comenzaron a hablar de una “misión” nacional que Madero debía cumplir.
Los mensajes señalaban que tendría la responsabilidad de luchar por la libertad de México y encabezar una transformación política de gran alcance. En varios pasajes se le describe como un “soldado de la libertad y el progreso”.
Convencido de que debía prepararse para esa tarea, Madero adoptó una rutina más estricta. Pasaba largas temporadas en retiro, dedicaba tiempo a la meditación y a la oración, limitaba sus hábitos personales y procuraba fortalecer su disciplina espiritual.
Asimismo, las comunicaciones le recomendaban estudiar la historia de México, mantenerse informado sobre la situación política nacional y llevar registros detallados de sus actividades cotidianas.
Poco después, en 1908, publicó La sucesión presidencial en 1910, obra que cuestionó la permanencia de Porfirio Díaz en el poder y se convirtió en uno de los textos fundamentales del movimiento antirreeleccionista.
Para los estudiosos de su trayectoria, resulta difícil separar completamente la vocación democrática de Madero de las convicciones espiritistas que desarrolló durante años. Ambos aspectos evolucionaron de forma paralela y terminaron convergiendo en su proyecto político.
El legado de Francisco I. Madero como médium y espiritista
Más de un siglo después de su asesinato en 1913, Francisco I. Madero es recordado principalmente como el hombre que impulsó el fin del Porfiriato y abrió el camino a la Revolución Mexicana.
No obstante, la publicación y estudio de sus diarios espiritistas ha permitido conocer una dimensión menos difundida de su personalidad: la de un político convencido de que su misión estaba guiada por su conexión con el más allá.
Para algunos historiadores, esta faceta ayuda a comprender mejor la firmeza con la que defendió ideales como la democracia, la libertad y la dignidad humana. Para otros, representa una muestra de cómo las corrientes esotéricas y espiritistas tuvieron influencia en ciertos sectores intelectuales y políticos de finales del siglo XIX y principios del XX.
Lo cierto es que Madero ocupa un lugar singular en la historia nacional: fue el presidente de México que creía poder comunicarse con los muertos y que, al mismo tiempo, encabezó uno de los movimientos políticos más trascendentes del país.























