Londres, Inglaterra.- En los últimos siglos se ha tenido el consenso de que el comercio internacional es una fuente importante de beneficios y del crecimiento de las naciones, ya que permite el acceso a mayores mercados, mejores y más baratos productos, menores costos y más ingresos para el comercio y para los productores. Destaca el poder aprovechar las economías de escala (es decir, al tener mayores volúmenes de producción reducen los costos unitarios de producción) y se tiene una mayor variedad de productos y otros beneficios.
Esto ha llevado a la creación de zonas extensas de libre comercio e incluye a diversas naciones, destacando la Unión Europea, en la cual se ha permitido la libre circulación de productos, servicios e incluso de personas entre determinados países, lo que supone la coordinación entre los diferentes gobiernos para igualar trámites oficiales e incluso su eliminación para facilitar las actividades empresariales. Un principio que era fundamental entre esos países es que existieran objetivos y reglas oficiales parecidos, así como un sistema de mercado basado en la competencia entre las empresas. Este fue el criterio que dio inicio a la creación del Tratado de Libre Comercio que se firmó hace tres décadas entre México, Canadá y los Estados Unidos. Incluso se llegó a considerar la existencia de una moneda única en esta zona, para evitar presiones inflacionarias en nuestro país, como sucede en la actualidad en Europa con el euro. Además, en varias ocasiones se discutió la posibilidad de tener una unión aduanera, es decir, no habría aduanas entre nuestros países, solo para regular la entrada de otras zonas del mundo.
Por su parte, Gran Bretaña tuvo un largo proceso para incorporarse a la Unión Europea e incluso no se integró al sistema del euro, sino que mantuvo su propia moneda, que es la libra inglesa.
Finalmente, en 1973, se unió a la llamada Comunidad Económica Europea. Sin embargo, dos años después se tuvo una primera consulta entre la población para retirarse de la misma, ya que diversos grupos sociales y políticos consideraban que eran mayores los costos que los beneficios de estar en la misma. El 67% votó por seguir en la Comunidad.
En 2013 el primer ministro David Cameron, presionado por su Partido Conservador, convocó a un nuevo referéndum, el cual se tuvo el 23 de junio de 2016, donde el 51.9% votó por salirse de la Unión Europea, lo que ocurrió al inicio de 2021 después de varios años de cambios y ajustes a las diferentes instituciones y leyes. Este proceso es el denominado “Brexit” y entre los argumentos que se hicieron para convencer a la población de votar así estaban el recuperar la soberanía del país, la reducción de los gastos del gobierno y el control de la inmigración, argumentos que se usan en la actualidad en nuestro país.
Como resultado del Brexit se ha tenido una gran volatilidad en el gobierno, con la renuncia de varios primeros ministros y diversos integrantes del gabinete, un incremento en los costos para las empresas y aumento significativo en trámites y procesos legales. Además, se estima que en estos años se ha reducido el PIB entre 4% y 8% como resultado del Brexit y hay un incremento relevante en el déficit fiscal, el cual es superior al 6% del PIB. Destaca el problema para encontrar personal capacitado en varios sectores de la economía, siendo más evidente en el transporte. Pero otro de los temas que se quería evitar era el de la inmigración, pero el mismo se ha incrementado, como es visible en todo el reino, sobre todo de inmigración ilegal. Esto ha propiciado distintos problemas sociales en los últimos días en algunas partes.
Varios de estos temas pueden servir de referencia para México en el caso de que se modifique o se termine el T-MEC con los Estados Unidos y Canadá. Uno de los principales motores que tiene la economía mexicana es el de las exportaciones, que genera ingresos relevantes para la manufactura del país, así como empleo. En el caso de que se impongan aranceles a nuestros productos se reduciría el ingreso de este sector, bajarían la recaudación del gobierno, lo que elevaría el déficit fiscal presionando la inflación, las tasas de interés y la cotización del peso.


























