Álvaro Obregón, sin duda, fue uno de los grandes caudillos y líder de la Revolución Mexicana. Un general victorioso e invicto en el arte de la guerra. Junto con Calles, ambos sonorenses, realizaron un papel importante al frente de la Presidencia de la República. Fueron los creadores de instituciones señeras como la Secretaría de Educación Pública, el Banco Ejidal y Agrícola y el Banco de México, entre otras.
Con la muerte de Obregón en La Bombilla dio inicio el maximato de Calles. Portes Gil, Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez fueron accidentes de la política; el mandamás era Calles. El general Cárdenas liquidó el maximato e inició la etapa del presidencialismo y la era del partido único. Todo el poder en el presidente en turno y luego el silencio y el olvido reparador de la nada.
Ahora se habla en los corrillos políticos de un nuevo maximato. El maximato tropical. El tema es muy delicado. El poder presidencial no se comparte, es único e indivisible. No olvidemos que la bala de León Toral canceló la reelección y el general Cárdenas, el maximato. Son lecciones muy duras de la historia de donde debemos abrevar para no cometer los mismos errores. Desconocerlos es atentar contra la estabilidad nacional. Obregón pagó con su vida y Calles, con el exilio.
López Obrador es el líder indiscutible del movimiento de Morena. Ha tenido el talento y la sabiduría de preservar su vigencia política. Los programas sociales, los aumentos del salario mínimo y su empatía con el pueblo son el sustento de su fuerza y popularidad.
A la presidenta le tocó un sexenio muy escabroso, una herencia muy pesada llena de obstáculos, retos y desafíos. Sostener el pasado le está cancelando su futuro. La presencia del tabasqueño la disminuye y le resta liderazgo. La última aparición de López Obrador y su carta a Trump vulneran su mandato y la debilitan en su ejercicio del poder, en momentos en que México requiere de un liderazgo fuerte y de gran determinación.
Por otro lado, López Obrador está jugando con fuego. Es un error no tomar en serio las amenazas del presidente Trump. Ahí está el ejemplo de Maduro y las bombas en Irán. Ahí están las amenazas de cancelar el T-MEC, aprehender a los narcopolíticos y acabar con los cárteles de las drogas. Los asuntos del poder no están nada fáciles. La ausencia de Estado de derecho y la inseguridad han acotado nuestras libertades y están poniendo en riesgo nuestra estabilidad y los pocos avances democráticos.
Trump trae en jaque al país. Un día sí y otro también arremete contra el gobierno. Afirma que los cárteles mandan en México, que la presidenta no gobierna y que tenemos un narcoestado. Nuestra relación bilateral es muy complicada; la liga se está estirando demasiado y se puede romper. Trump puede dar un golpe maestro. Cuidado, no lo provoquemos.


























