






















En este artículo comparto mi experiencia con mujeres trabajadoras sexuales de la Asociación de Mujeres por el Bienestar y Asistencia Recíproca (Ámbar), centrada en la exploración de la autoimagen femenina desde la psicología y el arte. A través de talleres de autorretratos, collages y cadáver exquisito busqué comprender cómo se perciben, enfrentan el estigma y resignifican su identidad.
Mi vivencia estuvo marcada por la comprensión del valor humano de cada participante, lo que permitió diseñar un proceso que promueva la expresión, el reconocimiento y la dignificación de mujeres en contextos de vulnerabilidad. Los resultados evidencian que el arte, junto con la reflexión psicológica, favorece la autovaloración, fortalece la autoestima y posibilita que sean reconocidas como ciudadanas con derechos. Esta experiencia reafirma mi convicción de que toda historia merece ser narrada y resignificada.
Mi nombre es Oswaldo José Rivas Rivas, soy músico, artista plástico y licenciado en Educación, recibo terapias psicológicas, es decir soy un paciente, y aprendí a valorarme, a tener un concepto sano sobre mí mismo y de los demás, gracias a mi psiquiatra, (Q.E.P.D.), Ambretta Nisi Ricci, quien fue directora de postgrado en el psiquiátrico de Sebucán, en los Dos Caminos, Caracas Venezuela.
Tengo un hermano morocho que también es artista plástico, músico e ingeniero en computación. Este escrito nace de una vivencia profunda que me marcó para siempre tanto en lo humano como en lo profesional. En cumplimiento con las normativas de esta revista, dedico estas cuartillas a mi tío Fran; relato brevemente un suceso que dio origen a este proceso de investigación.
Mi tío Francisco, Fran para la familia, nació con un problema neurológico, es discapacitado, nunca había estado en intimidad con una mujer. En vísperas de la boda de mi hermano, nuestros primos le programaron una despedida de soltero. Asistieron mujeres contratadas para tal fin, en medio de la reunión, mi tío se escapó con una de ellas, la reunión continuó, pero me encargaron que debía buscarlo, pues mis primos, muy cómplices, arreglaron ese encuentro de mi tío Fran con una de las chicas. Lo encontré: estaba en el hotel que me indicaron acostado con su chica, ella le acariciaba la frente con ternura, él salió feliz de la habitación, y agradecido con Dios y con todos nosotros por haberle dado ese regalo tan especial.
Ninguna mujer había querido tener un encuentro de esa naturaleza con mi tío Fran, ni aun contratándola, me conmovió extremo que esta trabajadora sexual no solo se prestó para tal fin, sino que lo hizo con una gran humanidad y cariño. Desde ese momento comencé a reflexionar sobre ellas y a verlas de manera distinta, con respeto. Valoro, que, con su fuerza de trabajo, se ganan la vida intercambiando lo humano por dinero, viviendo de esta manera peligrosa, donde arriesgan su vida no solo exponiéndose a contraer enfermedades de transmisión sexual, sino maltratos físicos, drogadicción y estigmatizadas por gran parte de la sociedad.
La vivencia que tuve con el acontecimiento de tío Fran me motivó a hacer un taller artístico y un trabajo de investigación con las trabajadoras sexuales, hecho que logré en la ONG Ámbar, Asociación Civil sin Fines de Lucro, fundada en Venezuela el 28 de agosto de 1995.
Su idea principal es trabajar por el bienestar de las mujeres, especialmente aquellas que ejercen el trabajo sexual, ya sea por razones económicas o por situaciones de vulnerabilidad. Esta ONG se enfoca en mejorar la calidad de vida de las mujeres trabajadoras sexuales, así como de aquellas víctimas de explotación sexual, trata de personas y violencia de género, recurriendo a acciones concretas que garanticen su salud y derechos humanos.
La organización insiste en que estas mujeres sean reconocidas primero como ciudadanas y sujetas de derecho, más allá de su labor sexual, y que sean incluidas en los programas públicos comunes para mujeres. Llegué a Ámbar con muchas preguntas, pero también con una certeza: toda persona tiene una historia y toda historia merece ser narrada, interpretada y resignificada. Me interesa comprender cómo estas mujeres se ven a sí mismas, cómo se sienten cuando se miran al espejo o cuando son miradas por otros, cómo las atraviesa la mirada social, el estigma, la vulnerabilidad, pero también la fortaleza.
Comienzo el taller solicitándoles que hagan un dibujo de cómo se ven a sí mismas, (un autorretrato); y luego de esta actividad, elaborar un cadáver exquisito (técnica artística grupal que crea una obra surrealista combinando contribuciones secretas e independientes: puede ser un texto o un dibujo, de lo que resulta una pieza surrealista e inesperada.
Todo se llevó a cabo con gran entusiasmo y disposición, luego los dibujos fueron analizados por el psicólogo de la fundación Ambar. La intención es que cada participante pueda valerse por sí misma y de manera libre poder dibujarse, expresar su verdad al plasmar las distintas facetas de su identidad.
Este taller se apoya en tres referentes que son la influencia artística que tengo desde que existe en mí, uso de razón: Carl Jung, un psicólogo suizo, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche y el poeta francés Charles Baudelaire. Con estos referentes me permito descubrir cuál es la finalidad de hacer este trabajo de investigación, que, creo, no es otro que analizar y estudiar a través del arte y la psicología el comportamiento humano, e incluyo el yo, qué son los arquetipos y cómo influyen en nuestro comportamiento, según Jung, C. G. (1964):
“Mientras no sea capaz de controlar su estado de ánimo y emociones, o de hacerse consciente de los innumerables modos secretos en que los factores inconscientes se insinúan en sus planes y decisiones, el hombre ciertamente no es dueño de sí mismo.” (pág. 83).
Esta expresión de Jung (1964, pág. 83) señala que mientras el ser humano no reconozca cómo sus emociones y su inconsciente influyen en su vida, seguirá siendo esclavo de impulsos ocultos.
Nietzsche fue un gran conocedor de la conducta humana, como así lo expresó en su libro La Gaya Ciencia, nos insta a que seamos fuertes ante los embates de la vida. Nietzsche (2001) “Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.” (pág. 228).
Esta cita señala que el trabajo sexual es el camino que a ellas les ha permitido resistir en medio de la adversidad: no rendirse, aun cuando el “cómo” sea duro y cruel, como un cementerio de nostalgias.
El poeta Baudelaire (1857/2000) dice: “Tengo más recuerdos que si tuviera mil años: un gran mueble con cajones lleno de inventarios, de versos, de mensajes de amor, de sumarios, de romanzas, con espesos cabellos envueltos en facturas” (Baudelaire, 1857/2000, p. 125). En esta cita del poeta los cajones llenos de inventarios simbolizan cómo cada vivencia, cada amor y cada pérdida queda almacenada en nuestra psique, generando una mezcla de nostalgia, melancolía y reflexión sobre el paso del tiempo.
Durante el trabajo con las mujeres de la Ámbar, observé cómo el arte y la psicología abrían una puerta para que cada una pudiera expresar su verdad, sin miedo a ser juzgada. Al compartir, descubrían que no estaban solas; y al resignificar sus vivencias lograban transformarlas en comprensión y en la posibilidad de trabajar en la solución de aspectos dentro de sí mismas. Como lo dice Jung, Jung (1970) afirmó: “No podemos cambiar nada a menos que lo aceptemos. La condena no libera, oprime” (p. 409), lo cual refleja la importancia de aceptar la realidad para poder transformar la propia psique.
Esta cita de Jung es un recordatorio de que el cambio real no nace de la represión, sino del reconocimiento; solo cuando nos atrevemos a mirarnos tal como somos, sin máscaras, podemos liberar aquello que nos oprime y dar un paso hacia la sanación, la resiliencia e incluso el perdón y, finalmente, hacia una autoimagen más auténtica y reconciliada
El inconsciente colectivo, según Jung, es una parte de nuestra mente compartida por toda la humanidad, que contiene estos arquetipos o símbolos universales presentes en mitos, sueños y culturas, y que influye en cómo pensamos, sentimos y nos comportamos, sin que lo percibamos conscientemente como lo dice el mismo Jung (1981), quien señaló que “los arquetipos son formas primordiales o imágenes universales que existen independientemente de las experiencias individuales y que estructuran la percepción y la conducta humana” (pág. 42).
Jung, refleja en esta cita que un modelo universal de conducta, pensamiento o imagen, es como un patrón simbólico que guía nuestra manera de experimentar el mundo.
La Sombra: aspectos reprimidos o negados de uno mismo; integrarla permite crecer. Persona: la máscara social que mostramos protege, pero puede ocultar nuestro verdadero yo. Ánima: la parte femenina en hombres y masculina en mujeres; ayuda a equilibrar el género interior. Héroe: simboliza coraje y superación de obstáculos. Madre: cuidado, protección, pero también control o autoridad. Viejo Sabio: sabiduría y guía. Niño: renovación, potencial y vulnerabilidad. (Embaucador): astucia, cambio y desafío a las normas, cada uno simbolizando aspectos esenciales de la experiencia humana, desde nuestras luces hasta nuestras zonas más reprimidas.
En el taller con las trabajadoras sexuales, los posibles arquetipos surgieron de manera espontánea a través de sus dibujos y autorretratos literarios, reflejando diversas facetas de su identidad y experiencia de vida.
En este sentido, trabajar con los arquetipos permite comprender cómo se construye la autoimagen y cómo las participantes pueden integrar distintas dimensiones de sí mismas, mostrando que su identidad no se reduce a un rol social o laboral, sino que es rica, compleja y capaz de expresarse de múltiples maneras.
Dos dibujos analizados por el psicólogo de (A.M.B.A.R)
El arquetipo de la madre: la mujer que regresa al hogar cuida de sus hijos y, al mismo tiempo reflexiona, como lo representa este dibujo en la (fig.1), realizada por una de las participantes que es heterosexual o binaria y que refleja la soledad como la enfrenta con su hija y su perro acostados en una cama, resistiendo la situación que desafía ella al ser una trabajadora sexual

Autorretrato (fig. 2.) de una trabajadora sexual no binaria, persona cuya identidad de género tampoco se ajusta completamente a las categorías tradicionales de “hombre” o “mujer”, no están presentes dentro de los arquetipos de Jung, podría ser el (embaucador), pues a pesar de tener genitales femeninos puede identificarse con ambos géneros, con ninguno, o con una combinación de géneros, su expresión de género puede variar según cómo se sienta: decidió representarse con orejas de perro. El hecho de que ella no se dibuje como un perro completo, sino que se coloque solo las orejas habla de una identidad en dualidad: la mujer perra que es vista como humana porque su identidad de género no encaja completamente en lo que la sociedad suele llamar “hombre” o “mujer”. Las orejas, además, son órganos de escucha; allí podría estar expresando su necesidad de mantenerse siempre atenta, vigilante y receptiva en el entorno donde se mueve, especialmente en la calle. No es algo que se elija, sino cómo se siente por dentro y cómo se percibe a sí misma. Es su manera auténtica de ser, puede sentirse una mezcla de géneros, ninguno, o cambiar con el tiempo.

El cadáver exquisito es una técnica creada por los surrealistas en los años 20 (como André Breton, Paul Éluard y otros). Funciona como un acceso al inconsciente, como lo planteaban los surrealistas, aflora lo reprimido, lo doloroso, lo soñado o lo que ha sido silenciado, se disuelven el ego y la censura, permitiendo que fluya, en equipo, en ayuda al otro sosteniéndolo, pues reconoce el valor de lo colectivo al no tener control total sobre lo que se está escribiendo, y crea vínculos que pueden reflejarse en las otras, lo cual es muy potente en procesos de sanación grupal, al explorar la identidad desde lo fragmentado, porque somos un collage de momentos, emociones, contradicciones.
Las participantes responden la pregunta escrita en una hoja doblada en secciones, como lo muestra la (fig. 3), la respuesta puede ser escrita, con dibujos, o ambas. Ejemplo, alguien escribe una frase que quedará oculta al doblar el papel; continúa la siguiente persona y así sucesivamente, siempre sin saber qué escribió la anterior; al finalizar se despliega el papel y se lee el texto completo, que suele ser absurdo, poético, bello, sorpresivo o profundamente revelador. Baudelaire (1857) escribió “La belleza es siempre extraña.”, (p.125). Exactamente eso hicimos en el taller en Ámbar donde las participantes estuvieron muy animadas, además de haber sido muy recreativo y aleccionador, siempre guiados por el psicólogo de la fundación.

Resultado del cadáver exquisito (fig. 3) puede ser una forma de crear belleza desde la herida, sin que sea necesario explicar o justificar, transformar la realidad en belleza, en poesía, como lo decía Baudelaire (1857-1998) describe al poeta como “semejante a este príncipe de las nubes que habita la tormenta y se burla del arquero; exiliado en la tierra y entre los abucheos, sus alas de gigante le impiden caminar” (pág. 45). Mi apuesta, desde esta investigación, es por una psicología con cuerpo y alma, por un arte que toca, que transforma y que da voz, y por una academia que se atreva a mirar lo que normalmente se oculta, sin temor a sentir, sin miedo a desobedecer los márgenes.
Expreso que la experiencia relatada y sistematizada en este trabajo me permitió comprender cómo el arte, en diálogo con la psicología, se convierte en un recurso poderoso para explorar la autoimagen en contextos de vulnerabilidad. El taller realizado con las trabajadoras sexuales de la ONG Ámbar demostró que dinámicas como el autorretrato, el collage y el cadáver exquisito trascienden lo meramente estético, ya que abren espacios de reflexión, expresión y resignificación personal.
A través de estas prácticas, las participantes pudieron mirarse y reconocerse más allá del estigma social reafirmando su valor como mujeres y ciudadanas con derechos. Esta investigación reafirma que la dignificación y el fortalecimiento de la identidad son posibles cuando se conjugan estrategias creativas, sensibles y humanas. En definitiva, el cierre de esta experiencia invita a reconocer al arte como un puente para la transformación individual y colectiva, capaz de generar cambios en la percepción de uno mismo y en la relación con los demás.
Baudelaire, C. (1857/2000). Las flores del mal (p. 45). Madrid: Alianza Editorial.
Baudelaire, C. (1857). Las flores del mal (p. 125; edición digital en PlanetaLibro).
Jung, C. G. (1964). El hombre y sus símbolos. Barcelona: Paidós.
Jung, C. G. (1970). Aión: Contribuciones a los símbolos del sí-mismo (Obra original publicada en 1959). Editorial Trotta.
Jung, C. G. (1981). Obras completas (Vol. 9/1). Madrid: Trotta.
Nietzsche, F. W. (1888). El ocaso de los ídolos. Madrid: Alianza Editorial.
Nietzsche, F. W. (2001). La gaya ciencia (Traducción de A. Sánchez Pascual). Madrid: Alianza Editorial.
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