























El 23 de junio de 1906, un día antes de la celebración del triunfo republicano en la sabana de Carabobo de 1821, los caraqueños proseguían manifestando su regocijo, ante la monumentalidad del Palacio Municipal de Caracas, inaugurado por Cipriano Castro un mes antes, el día 23 de mayo.
La esplendidez de esta obra con su fachada y corredores fue concebida dentro de los cánones del neoclasicismo por el arquitecto Alejandro Chataing, el mismo que legó a Caracas numerosas obras que hoy constituyen hitos en el devenir simbólico de la urbe capitalina y que han sido decretadas como Monumento Histórico de la Nación.
Con una trayectoria arquitectural iniciada en 1894, al presentar el diseño y dirigir la ejecución de la Plaza El Venezolano -ubicada entre las esquinas de San Jacinto a Dr. Paúl, bajo el mandato de Joaquín Crespo- a Chataing se debe igualmente la construcción en 1896, junto con Juan Hurtado Manrique, del Arco de la Federación, ubicado al pie de la colina del Calvario (hoy Parque Ezequiel Zamora).
En 1905 dirige la construcción de la Academia Militar de la Planicie; al año siguiente entrega a Caracas su Teatro Nacional, en la esquina de Cipreses. Y seis años después, la sede del Archivo Histórico de la Nación, entre Carmelitas y Santa Capilla. Será asimismo el responsable, junto con Jesús Muñoz Tébar, de edificar en 1919, el coso del Nuevo Circo de Caracas. Cada una de estas edificaciones ha sido además de otras decretadas como patrimonio Histórico de la Nación.
Desde los tiempos coloniales y hasta el acceso de José Tadeo Monagas al Poder Ejecutivo en 1847 y su ruptura con el Partido Conservador, este espacio servía como lugar para el ajusticiamiento de condenados a muerte por tribunales de la República, a la vez que de mercado en la ciudad. Sobre los escombros del sismo de 1812 Simón Bolívar proclamó “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella”.
En 1882 Antonio Guzmán Blanco, en homenaje a su padre Antonio Leocadio y el periódico El Venezolano, dirigido por el gran polemista liberal, lo tomó como epónimo de la plaza, el cual se perpetúa hasta el presente. Recuérdese que Antonio Leocadio, condenado a la pena capital en 1846, durante la administración de Carlos Soublette, salvó su vida por conmutación de la pena concedida al año siguiente por el Gral. José Tadeo Monagas.
Así, en 1894, con 21 años de edad, Alejandro Chataing presenta el nuevo diseño de dicho espacio, contemplando el reloj de arena que hoy la distingue y que había sido concebido en 1802, tras su visita a Caracas, por Alejandro de Humboldt.
La prestancia del magnificente inmueble aún hoy día constituye -junto al Panteón Nacional y la Casa Natal del Libertador-, símbolo de identidad y autoestima de los caraqueños y el resto de los venezolanos quienes, contemplándola, han disfrutado de la esplendidez de dicha obra.
De allí que, en el caso del Palacio Municipal, en su declaratoria como Monumento Histórico de la Nación ha sido determinada, no solamente por el peso de sus décadas sino además, por el significado patriótico de sucesos ocurridos en su interior, así como la prestancia del diseño, factores estos que concurrieron para que se tomase la decisión de declararle, mediante decreto del año 1979, como Monumento Histórico de la Nación.
En el curso del siglo XIX el Palacio Municipal fungió como sede del Cabildo. Ya en 1811, su Capilla de Santa Rosa ha de operar como asiento del Congreso que ha de proclamar el 5 de julio, la Independencia de Venezuela. Luego, por decisión del Libertador Simón Bolívar de 1827, como sede de la Universidad Central de Venezuela. Y desde 1906 hasta hoy como recinto del Poder Público Municipal, hoy Alcaldía y Cámara Municipal del Municipio Libertador del Distrito Capital.
En el curso de su historia la edificación ha conocido dos grandes intervenciones de orden arquitectural: la primera data de 1872, bajo la conducción de Juan Hurtado Manrique, y la segunda de 1906, jefaturada por su discípulo Alejandro Chataing. Este último introdujo el estilo neorromántico con elementos clásicos que distinguen la obra ante propios y extraños. Su exigente mantenimiento, atiende a directrices de Fundapatrimonio y la alcaldesa Carmen Teresa Meléndez Rivas.
“Su imagen actual es resultado de las intervenciones de dos grandes arquitectos. En 1872, con el cierre del seminario por orden de Guzmán Blanco, Hurtado Manrique reconstruye el edificio, acondicionado como sede para Tribunales de Justicia, la Gobernación y la Comandancia de Policía; y convirtió la capilla en el salón de sesiones del Concejo Municipal. Más tarde, en 1904, Cipriano Castro encarga a Alejandro Chataing la ejecución de la última gran reforma, de estilo neoclásico, concluida en 1906. El Palacio, situado en una esquina, está organizado a partir de un patio central llamado ‘el patio de los leones’, rodeado por corredores y una fuente. Su ecléctica fachada está constituida por tres planos. El acceso en el plano central, está enmarcado por pilastras dobles de orden compuesto, vinculadas por zócalos. Sobre el acceso se asoma un balcón que remata en un frontis triangular. Las ventanas inferiores tienen arcos de medio punto, y las de arriba, balcones y una cornisa ornamental. El Palacio, restaurado en 2011 es Monumento Histórico Nacional desde 1979. En la actualidad es sede de la Alcaldía de Libertador, y alberga el Museo de Caracas” [https://guiaccs.com].
1821
Batalla del Calvario
Este día el Gral. José Francisco Bermúdez enfrentó en el Calvario (Caracas) al jefe realista José Pereira. Aquel 23 de junio Pereira, dueño de la capital, aguardó en las alturas del Calvario el arribo de Bermúdez, quien tras varias recorridas por la región central y haberse adentrado a fines de mayo hasta La Victoria, regresa a Caracas.
Así, no obstante lo desventajoso de su ubicación, como muy limitado en sus pertrechos resuelve dar batalla a Pereira, quien se encontraba mejor preparado y equipado. Como balance final se reconoce que las acciones de Bermúdez distrajeron porciones de las tropas que los realistas habían concentrado en la planicie de Carabobo, contribuyendo el prócer oriental, en forma decisiva, a la victoria republicana del 24 de junio. Y en la víspera de la jornada definitiva “a la misma hora en que Bermúdez está siendo derrotado en El Calvario, el Libertador sitúa todas sus fuerzas en la Sabana de Tinaquillo” [Fuente: Germán Fleitas Núñez / http://germanfleitasnunez]. A poco el Libertador le distinguiría con el grado de General en Jefe.
El autor es historiador, docente y abogado
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