

























Para llegar al camerino en Pueblo Nuevo, el equipo visitante debe hacer un camino en el que las paredes le recuerdan constantemente quién es el dueño de casa. Lo último que ven los jugadores antes de entrar y lo primero que verán al salir cuando llegue el momento de saltar a la cancha, es la imagen gigante del escudo del Deportivo Táchira flanqueado por las copas que acumula y otra con un mensaje: “100% Aurinegro”.
Al pasar la puerta, un balón en un círculo sobre el piso verde. Las camisetas ordenadas –Márquez, Albarrán, D’Agostino, Montes-, medias, toallas, varios pares de tacos bajo cada asiento. A las 2:20 de la tarde del domingo 31 de mayo, los utileros terminan su labor con un detalle: asignan dos bocadillos de plátano para darle el subidón a los jugadores de Estudiantes de Mérida. La verdadera barra energética andina.
En la otra ala interior del estadio, lo que ven los locales cada vez que entran y salen son mensajes que exaltan el peso histórico de la camiseta aurinegra –las copas- y el aliento de la fe católica. Un mural con un trío poderoso: Nuestra Señora de la Consolación, El Santo Cristo de la Grita y José Gregorio Hernández. Al lado, el escudo y en letras amarillas y mayúsculas “Dios los bendiga”.
Es inevitable posar la mirada sobre imágenes religiosas y mensajes de aliento. En la sala de masajes, José Gregorio atento a las dos camillas. En otras paredes, “Confianza en ustedes”. Y lo que más importa: “Orgullo tachirense, vamos a ganar”.




En el camerino, Chani –el meticuloso encargado del vestuario- descansa tras la labor cumplida y almuerza algo que parece comida china. Las camisetas están en su puesto –Cariaco, Peñaranda, Leandro, Franco, Fratta-, medias, toallas. Y, claro, los zapatos. Hay que imaginar con lo que trajinan los utileros como Chani: son 18 convocados al partido y cada futbolista dispone de dos, tres y hasta cuatro pares de tacos.
En medio de este espacio sin lujos pero con todo lo que hace falta, sobre una mesa con forma de cancha hay frutas –manzanas, cambures, mandarinas-, cereal, ponquecitos, los infaltables bocadillos de plátano y… cinco paquetes de Trululú.
Hoy el Deportivo Táchira no puede perder. Hoy el estado Táchira no acepta la posibilidad de una derrota. Es día del clásico andino, del choque con su rival natural. Y quieren sacarse la espina del reciente 2 a 1 en contra en el estadio Metropolitano de Mérida. Pero no es solo un asunto de orgullo.
Lo que se juega esta tarde es el pase a disputar el choque definitivo por el Torneo Apertura de la Liga FutVe. Ya hay un finalista: Academia Puerto Cabello, con su 2 a 0 del sábado contra La Guaira. Para ir por la copa, los tachirenses están obligados a ganar el clásico andino y a tratar de hacerlo con la mayor cantidad de goles posible. Otros dos equipos –Carabobo y Metropolitanos- lucharán con el mismo objetivo, a la misma hora, en el Estadio Olímpico de la UCV.




De buenas a primeras no es tan fácil entender el formato de la competición de la primera división de la Liga FutVe. Para dibujarlo con una imagen sencilla, con tres equipos igualados en puntos en la última jornada y Estudiantes ya sin oportunidad por ser el último de su grupo, aquí en San Cristóbal todos son Dr. Strange analizando los escenarios probables: ganar los tres puntos y meter más de un gol para asegurar la diferencia a favor es la misión.
Lo más conveniente para Táchira es que haya un empate en Caracas y se asume casi como improbable que en el Carabobo-Metropolitanos ocurra una goleada.
Por los espléndidos espacios del lobby del Tamá Eurobuilding aparecen los jugadores del Deportivo Táchira a partir de las 8 de la noche del sábado. Llegan en sus carros, los traen las esposas, los familiares, los amigos. Visten la misma combinación de mono y chaqueta deportiva, todos de negro. Entran y van a reportarse con el coordinador del equipo que los espera en un sofá.
-¿Cuál es tu pronóstico para el partido de mañana?
-Ganamos, con el favor de Dios… Por goleada…
Es lo que me responde Adalberto Peñaranda a las puertas del Tamá, acompañado por el mediocampista Luis Daniel “Cariaco” González. Están en su ciudad, vienen de sus casas y a pesar de que el partido es mañana a las 5 de la tarde, la disciplina impone concentrarse en este hotel que es una burbuja confortable donde no importan los cortes de luz que mantienen a San Cristóbal en la intermitencia: la planta eléctrica responde en segundos, cinco, seis, diez, doce veces. Todas las que sea necesario.
También, claro, es una manera de mantenerlos controlados. Es sábado en la noche. Por el lobby se mueven hombres de ropa apretada y reluciente de nueva, mujeres con sombreros, botas, faldas cortas y ceñidas: hay concierto de Luis Alfonso, el cantante colombiano que grabó “Destino final” con el recién fallecido Yeison Jiménez. La tentación llama desde la Plaza de Toros.
“Me invitaron a que pasara un rato por el concierto”, dice Gustavo Maldonado: “Pero no me interesa ir, de verdad, porque aquí jugamos todos, desde el chofer del autobús hasta el presidente”. Maldonado parece concentrar la electricidad que le falta a San Cristóbal: elocuente, atento a lo que ocurre alrededor, está aquí y allá. Y hoy se cortó el pelo con el barbero de los futbolistas. Es el gerente general del Deportivo Táchira y cuando dice “el presidente” se refiere a Jorge Silva, el empresario cabeza del consorcio agroindustrial JHS, propietario del equipo.




“Es un clásico. Están eliminados, pero los merideños sueñan con ganarnos. Se toman esto con mucha seriedad. Y está bien que lo hagan”, razona Maldonado mientras conversamos de pie en el lobby. En este momento su mayor deseo es que la final del Torneo Apertura se haga en el Polideportivo Pueblo Nuevo, “el templo sagrado”.
“Una final moviliza al estado”, ensaya una explicación socioeconómica: “Mañana más de 2.500 personas dependen de nosotros de forma directa e indirecta”. Así que tener la final en casa la semana siguiente –domingo 7 de junio- multiplicaría ese beneficio. Si para el encuentro contra Estudiantes de Mérida calcula una asistencia de más de 20 mil tachirenses –cualquier merideño aquí debe pasar desapercibido-, el choque por la copa podría convocar a un lleno total: “El estadio tiene capacidad para 38.864 personas sentadas. En partidos importantes, en el pasado, hemos metido hasta 40 mil… No me preguntes cómo”.
Asoma un poco de nostalgia en la expectativa de Gustavo Maldonado. Reconoce que la asistencia al estadio ha disminuido hasta un promedio que estima en 6 mil a 7 mil hinchas, a pesar de que el tachirense asume sus colores con pasión. “Hay problemas con el transporte y por eso en ocasiones ayudamos a organizar buses para los partidos. Pero lo que más nos ha golpeado es la diáspora. La fanaticada tachirense está regada por el mundo”.
Gerzon Chacón, gerente deportivo del equipo y exjugador, se acerca. Maldonado lo presenta como el futbolista con el récord de más de 450 partidos con la aurinegra y un palmarés de varios títulos y copas con el Deportivo Táchira. Chacón –padre de Yerson Ronaldo Chacón, hoy en el AEK Lanarca, de Chipre- es optimista: “Vamos a la final”.
Ambos coinciden en que el verdadero rival en los últimos años ha sido el Caracas Fútbol Club, porque Estudiantes de Mérida no pasa por un buen momento. Maldonado percibe el triunfo en el aire: “Se siente la energía, el aura… Pero igual esto es fútbol, la ciencia de lo impensado”.
-¿Y cuál es tu pronóstico para mañana?
-2 a 0. Ese es el resultado que quiero.
Estudiantes de Mérida llegó en su autobús de forma discreta. En medio de uno de los tantos apagones, el equipo se concentra en un alojamiento modesto en el centro de la ciudad. “Infierno Akadémico”, la barra brava de los merideños, no les acompaña ni ahora ni mañana en el estadio: no pueden, en realidad, entrar a San Cristóbal. “Avalancha Sur”, la barra tachirense, tampoco puede viajar a Mérida. Así están las cosas: la Liga FutVe, las directivas de los clubes y las autoridades de ambos estados han tenido que aplicar la tolerancia cero.
En el piso 3 del Gran Hotel San Cristóbal se ubican la tasca, el restaurante y el salón “Doña Consuelo”. Todas las cabezas de los jugadores giran con expresión de sorpresa al ver a cuatro extraños entrar al salón donde están terminando de cenar: un periodista, un fotógrafo y Soire y Gabriela, de la Liga FutVe, irrumpen con timidez en el momento privado de los merideños.
En ese espacio austero también tendrán la charla técnica y al menos uno de los futbolistas se pregunta en voz alta si venimos a espiarlos. Pero no, salimos y volvemos a entrar al finalizar la reunión para una breve conversación con su director técnico, Jesús Javier Gómez.
“La Pulga” Gómez nació en Maracay, pero es merideño de adopción temprana. Allí se crió y se formó como futbolista en las inferiores de Estudiantes de Mérida, hasta debutar en la primera división en 2004. Después de un periplo extranjero, regresó a Venezuela para consagrarse con el Caracas FC, luego hizo maletas nuevamente durante un largo periodo y en 2017 volvió al equipo “académico” para alzarse con la copa del Torneo Apertura.
La suya es una historia de idas y venidas. En 2020 cortó abruptamente con la directiva del club y un año más tarde regresó para terminar su carrera como jugador en el Estadio Metropolitano en 2023. Figura importante para la afición merideña, esta temporada asumió como DT de un equipo urgido de inspiración y aunque hoy ya no tienen chance alguno en el Apertura, en seis meses de gestión logró llevar a la oncena a disputar el cuadrangular de la Fase Final.
“Estos partidos son decisivos”, dice Gómez sobre el clásico andino: “Son encuentros que nos lavan la cara. Hemos tenido una fase final mala, pero para el aficionado esto es importante”.
Bajo la dirección de “Pulga” Gómez, Estudiantes cortó la racha de casi siete años sin ganarle a Táchira en Mérida. Y eso cuenta. Es el valor del clásico: “Para nosotros es el partido más importante y los jugadores extranjeros ya lo entienden así. Lo han asimilado”.
-¿Y tú, que fuiste jugador, cómo lo ves ahora en tu condición de DT?
-Lo veo igual como jugador que como técnico, con muchas ganas hasta de entrar a la cancha a hacer algo, patear una pelota…




Jesús “Chucho” Mendoza es el jefe de prensa de Estudiantes de Mérida desde hace 12 años y ha pasado 34 años reporteando la trayectoria del equipo. Su hijo y su hija siguen sus pasos en el oficio: esto es pasión familiar y trabajo.
“Chucho” Mendoza explica que la rivalidad deportiva entre Mérida y Táchira es de siempre, desde que ambos equipos nacieron a principios de la década de los años 70. Era inevitable: “Son dos estados muy futboleros. Y hasta en los juegos nacionales se veía eso. Es tan marcada, que incluso se da entre periodistas y locutores de radio. Se juega en todos lados, en declaraciones, en fotos, en redes sociales”.
Eso dice y hace una confesión como ejemplo: “Por mis declaraciones de ayer, aquí creen que Christopher, Ivey y Magallán no van a jugar…”. Pero el defensa y los mediocampistas acaban de cenar en el “Doña Consuelo” y Mendoza se ríe.
Esa guerra informativa tiene su escenario más claro en la radio. Es una batalla dispareja: 12 emisoras transmiten fútbol en Mérida versus unas 30 en el Táchira. Ninguna radio merideña estará en el estadio: ni es seguro, ni tienen hoy la capacidad económica para hacerlo. Así que narradores y comentaristas verán lo que ocurra en la cancha a través del canal en YouTube con el que la Liga FutVe transmite todos los partidos desde 2022. O en la aplicación para móviles que estrenaron en marzo de este año.
“Chácharos” es el apodo con el que los aficionados merideños se refieren a los vecinos. “Es ofensivo”, reconoce Mendoza y lo explica con recato: “Es como decirles bocones”. En Táchira asumen que llamar “parameros” a los de Mérida es denigrarlos. Pero “Chucho” no logra entender por qué: “Imagínate, es como decirnos campesinos o algo así, que venimos de allá arriba, del páramo… ¡Pero si el páramo es lo más bonito de Mérida!”.
Mendoza no se atreve a un pronóstico de goles, pero lanza un vaticinio con fundamento teórico: “Mañana vamos a pelear. Tenemos el cuerpo técnico que más sabe de clásicos, todos exjugadores, William Díaz, Jesús ‘Buda’ Torrealba y ‘Pulga’ Gómez”.
-Pulga, ¿cómo queda el partido mañana?
-1 a 0 a favor de nosotros.
El grupo que habla de pie en el lobby del Tamá llama la atención de Álvaro Recoba. Al terminar la charla técnica de la noche del sábado, ha jugado una partida de dominó con sus asistentes y ahora, en lugar de subir a su habitación, se acerca con ganas de una conversación informal que se extenderá hasta las 11:47.
“Yo le enseñé a jugar dominó y le gustó”, informa Gustavo Maldonado, quien unos minutos antes estuvo ponderando de forma positiva el trabajo del director técnico uruguayo: “El grupo se ha hecho muy fuerte estos meses con Recoba. Aquí a Recoba lo aman, pero cuando el equipo pierde, la gente se siente con el derecho a reclamarle. Ya le ha pasado estar en un restaurante al día siguiente de una derrota y ha sentido que el trato cambia…”.
“El Chino” Recoba nació en Montevideo. Jugador emblemático del equipo Nacional, en 1997 fue transferido al Inter de Milán donde brilló al lado de gente como Ronaldo, Figo, Zanetti, Zlatan y Hernán Crespo. Con la selección celeste fue al Mundial de 2002 y disputó la Copa América –además de otros torneos internacionales- en dos ocasiones.
Llegó al Deportivo Táchira a finales de 2025, luego de una experiencia de 37 partidos dirigiendo al Club Nacional en la primera división uruguaya. Aquí los focos están sobre él: los aurinegros obtuvieron su estrella número 11 en 2024 y deliran por completar la docena.
“Acá tenés que ganar siempre”, plantea Recoba: “No hay más equipos en Táchira, solo nosotros”. Maldonado completa la idea: “Tampoco hay otro deporte a nivel profesional”. La atención se concentra en el fútbol. Y no es una afición conformista.

“Son todos entrenadores acá”, se ríe “El Chino”, porque no deja de asombrarle el hecho de que la gente en cualquier lugar le cuestione o le indique cambios, estrategias, le diga lo que tiene que hacer. “Hasta el mesero en un restaurante… Eso no lo había visto en Montevideo”.
Para Recoba, hasta el momento, el encuentro más emocionante fue el que tuvieron en Valencia el 24 de mayo contra el Carabobo FC en la Fase Final del Apertura: gol del Deportivo anulado tras revisión en el VAR, gol de Carabobo en el minuto 74 y empate in extremis por penal convertido en el minuto 89 por “Cariaco” González. “Estuvo lindo… El más lindo fue ese, vamos a ver cómo será mañana”.
“La motivación de Mérida es arruinarnos la fiesta a nosotros”, apunta: “Pero la nuestra tiene que ser mayor. Es mayor. Va a ser mayor”.
Cuando Jorge Silva, el dueño del Deportivo Táchira, le pregunta cómo van las cosas con el equipo, obtiene la misma respuesta que nos da esta noche: “Estamos muy bien”.
-¿Y cuál es tu pronóstico contra Estudiantes?
-Ganar nomás… Estamos muy bien, pero hay que ganar.
San Cristóbal despierta el domingo con una lluvia intensa y la dosis diaria de cortes del servicio eléctrico. Dicen que para el equipo local es de buen augurio -la lluvia, no los apagones- porque el agua “limpia” las malas vibras y deja el terreno despejado para el triunfo.
Desde las 8 de la mañana, gente de “Avalancha Sur” está en Pueblo Nuevo colgando las pancartas, las telas y las banderas que enmarcan y adornan las gradas de la popular: una de ellas recuerda a Bassil Da Costa, estudiante asesinado en el marco de la represión de las protestas civiles del 12 de febrero de 2014.
A la 1 de la tarde ha dejado de llover y la visión del estadio al ingresar por donde entrarán los jugadores ofrece el panorama del césped bien cuidado y la estampa del bosque de pinos y las montañas allá atrás.
Mientras bordeamos la cancha por la pista de carreras, intento hablar con uno de la barra aurinegra.
-¿Quién se encarga de montar todas estas pancartas?
-Nosotros… ¿Ustedes quiénes son, de dónde son?
-Somos de un medio de Caracas…
-¿De Caracas?
-Sí
-¿Pero cómo que de Caracas? ¿Qué hacen aquí?




Así pasamos de inmediato a ser sospechosos: en su cabeza, en este momento Caracas es el odiado equipo rojo, no la ciudad. Y si bien esquiva dar su nombre, al menos accede a contar que para formar parte de la barra “hay que ser constante, tratar de ir a los viajes, viajar a todos lados donde vaya el equipo”.
Para él, lo más candente en rivalidad hoy es con el Caracas FC y Carabobo: “Con Mérida no tanto, está muy flojo el equipo… y la barra también”. Su pronóstico es explicado: “Táchira 2 a 0. Mérida siempre ha sido pecho frío para cosas aquí”.
Afuera, en la entrada principal del “templo sagrado”, las marcas patrocinantes –Polar Pilsen, Maltín, Diablitos- terminan los detalles de sus puestos y activaciones, desde una pequeña tarima se eleva el sonido atronador del reguetón. Las promotoras pasean sus curvas en coloridas licras: “¿Quiere una malta? Es gratis”.
Esmel Maldonado es uno de tantos hinchas que viene al estadio armado con su viejo radio AM para escuchar la transmisión del partido desde la tribuna. Señala a su hijo Sebastián: “Está en la sub 15”. Y juntos posan para una foto, algo que parece gustarle mucho a los tachirenses que a lo largo del día buscarán animados el lente de la cámara de Maurice.
-¿Y cómo termina este partido hoy?
-2 a 1, Táchira.
La vista desde el palco de prensa posiblemente sea la mejor del estadio. Entre la hilera de cabinas y la tribuna al aire libre, el espacio es más que suficiente para las más de 30 emisoras de radio cuyos enviados no solo narran los partidos en directo, sino que acostumbran a hacer previas desde muy temprano y hasta pueden salir de Pueblo Nuevo dos horas después de finalizado el encuentro tras enfrascarse en apasionados análisis de lo que ocurrió y lo que debió ocurrir en la cancha.
Por supuesto que ya está aquí Manolo Dávila, uno de los pioneros en la narración de fútbol en el país, con más de 50 años en el oficio, fiel seguidor del equipo aurinegro, figura estelar de Venevisión y director y fundador de la emisora Tamá Stereo.
Este hombre que durante los Mundiales llegó a tener como comentaristas a Pelé, a Alfredo Di Stefano y a Carlos Salvador Bilardo, hoy me responde que no utiliza cabina en Pueblo Nuevo porque no están en condiciones óptimas y justo cuando le explico que quiero hacerle un par de preguntas, decide por su cuenta que es buena idea sacar al aire nuestra conversación, pide el micrófono y esto se convierte en una breve entrevista improvisada entre alguien que sabe todo sobre el Deportivo Táchira y otro que pisa este estadio por primera vez.

-¿Cuál es tu pronóstico?
-Deportivo Táchira tiene que ganar hoy por lo menos 2 a 0 o 3 a 0 para traer la final a San Cristóbal la próxima semana. Estudiantes tiene todo su equipo titular y nos va a pelear. Pero Táchira tiene con qué responder.
-¿Cuál es la fortaleza más destacada del equipo local?
-El elemento más fuerte del Táchira es el equilibrio: marca bien y ataca muy bien.
Luego de este debut inesperado en Tamá Stereo, llega el momento de ir a presenciar el ritual de la barra aurinegra que espera la llegada de su equipo, unos metros más abajo en la vía principal que conduce a Pueblo Nuevo. Pero antes, Rossy Reyes, corresponsal en la ciudad de la Liga FutVe, se apunta a la lotería de adivinar el resultado de hoy.
-Gana Táchira 2 a 0.
El Monumento al Ciclista Tachirense está ubicado a 290 metros del Polideportivo de Pueblo Nuevo. Al final de la subida de la avenida España, sobre la acera derecha, hay un grupo de locales en seguidilla: La Llanera, Te deseo suerte, Licores El Imperio y Acuarela’s Bar. A las 3 de la tarde del domingo, los fanáticos y la barra hacen su fiesta aquí, sobre el asfalto, esperando el autobús aurinegro. Es una tradición, una cita fija en la agenda de los días de partido.
La “orquesta” de la barra –tambores, trombones, trompetas- comienza en este punto la prolongada jornada de descarga que no tendrá descanso hasta el pitazo final. Momento de cantar, de encontrarse, es como una especie de ensayo general de una puesta en escena que han vivido cientos de veces. “Hoy te venimo’ a alentar, para ser campeón, hoy hay que ganar”, cantan en loop.




No hay luz en la zona, en los locales no se puede pagar con débito y el pago móvil es casi imposible, así que La Llanera y los demás comercios venden la cerveza a 2.500 pesos colombianos y en efectivo. Es el ambiente ideal para una birra, todos toman, menos el infiltrado de Caracas que no anda con pesos en la billetera.
Poco antes de las 3:30 las miradas se dirigen avenida abajo: a la distancia asoma la caravana del equipo y el coro de “hoy hay que ganar” se eleva, retumban los bombos. El autobús oficial llega precedido de un vehículo con una impresionante torre de cornetas. Se detiene, los fanáticos lo rodean, cantan, algunos le dan palmadas a la carrocería, aparece el amarillo de las bombas de humo frío, una lluvia de papeles cae sobre nosotros y después de algunos minutos, el Deportivo Táchira reanuda su avance hasta Pueblo Nuevo.
“Táchira golea hoy”, dice “Cotorro”, un hincha que pide que lo identifique con ese apodo: “Aquí todo el mundo me conoce como Cotorro”.
-Cotorro, ¿cuál es tu pronóstico?
-3 a 0, con goles de Peñaranda, Pollero y Cariaco. Estamos en casa y tenemos que hacer respetar los colores para la final.
En la popular se concentra casi toda la locura que uno espera encontrar en un partido tan decisivo. Hombres, mujeres, niños, ancianos, jóvenes, todos en un estado de euforia colectiva que se encauza cantando sin parar. Suena a versión andina de murga sureña –a veces a batucada- que toma prestadas melodías conocidas para expresar la pasión aurinegra.
Los líderes de la barra están parados sobre los tubos de la baranda más elevada y saltan y bailan desafiando el riesgo de una caída libre. La gente se toma fotos, graban videos, exhiben tatuajes del escudo del equipo, leo uno en el pecho que dice “Si no se sufre no es Táchira”, agitan inflables negros de plástico, “dale campeón, dale campeón”. A las 4:50 ya hay al menos siete hinchas que trepan la reja de seguridad sin que les importe el alambre de púas.
Salen los equipos a la cancha y aturde una secuencia de morteros, todos en el estadio gritan, sube el humo de color amarillo, los merideños hacen el saque inicial, “aurinegro pongan huevos que te están buscando”, cantan con la melodía de Matador, “aquí en Pueblo Nuevo te estoy esperando, desde hace mucho tiempo que la vuelta yo la quiero dar, ahora sé que en cualquier momento la vamos a dar y dale aurineee, dale aurinee”.
Mientras más arriba en la tribuna popular, más desenfreno. De vez en cuando caen gotas de cerveza. En la primera acción de peligro contra el arco local se escuchan los “hijoeputa”…




Han pasado más de 20 minutos del primer tiempo y afuera todavía hay largas colas de gente que intenta comprar entradas a último momento. Pero además, una extraña cantidad de hinchas se entretienen con el reguetón y las actividades de los patrocinantes instalados en la plazoleta frente a la entrada principal.
En el palco de prensa no hay gritos, pero la tensión se percibe en los rostros de narradores y comentaristas. Alientan en voz baja: “vamos, vamos”. Abajo en la cancha, Mérida resulta un equipo incómodo y su delantero y goleador, Kevin Quejada es una amenaza constante.
Una imagen revela la expectativa de triunfo de los tachirenses. A punto de comenzar el partido, los fotógrafos se ubican detrás de la portería de Estudiantes de Mérida. Todos, menos uno, esperan ver el balón entrar a la red merideña. Detrás del arco de los de casa, un solitario “Chucho” Mendoza está en guardia para captar el gol de los suyos que nunca llegará. Finalizada la primera etapa, los reporteros gráficos cambian de lugar con la misma distribución.




Y acertaron, porque al minuto 15 del segundo tiempo, Jairo Villalpando convierte el gol que hace estallar la alegría de los gochos. De ahí en adelante, el arquero panameño Eddie Roberts salvará su portería en una docena de ocasiones que terminan por frustrar el sueño aurinegro. No hay final para el equipo dirigido por Recoba porque en Valencia, Carabobo le pasó por encima a Metropolitanos 5 a 1 y aunque igualan en puntos, la diferencia de goles a favor se impone.
Llega el pitazo que marca el fin del partido. Los tambores de la barra sur siguen sonando unos minutos más, hasta que el ruido se acaba de pronto y se impone el silencio. Ocurrió lo que suponían que no ocurriría: la goleada de Carabobo. Y el sorprendente papel de Roberts, quien no había tenido antes un desempeño tan inspirado como el de hoy. Como dijo Gustavo Maldonado en el lobby del Tamá, “el fútbol es la ciencia de lo impensado”.

La jornada culmina en la sala de prensa. Por disposición de la Liga FutVe siempre debe haber un miembro del cuerpo técnico de cada equipo que declare a la prensa. La única cámara de televisión es la del canal de YouTube de la Liga. No hay medios nacionales, la mayoría son de emisoras de radio locales. Es gente que conoce a su equipo, que en cada pregunta añade una mirada analítica de lo que vieron en la cancha. Después de que “Buda” Torrealba calificara como positivo el desempeño de Estudiantes, a las 7:34 entra el DT más triste del mundo. El rostro y la actitud corporal de Recoba lo dicen todo.
-El quipo fue para adelante, pero no alcanzó. La gente vino con la misma ilusión que yo, que los muchachos. Y se va triste, como nosotros. Hoy quedamos un poco más en deuda con esa gente que vino a apoyarnos.
*Gracias a la Liga FutVe y especialmente a Francis Cicle y Soire Vergara por hacer posible esta experiencia en el clásico andino
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