


























El tablero económico global se está reconfigurando a una velocidad vertiginosa impulsado por la tecnología, la fragmentación geopolítica y la eficiencia institucional. Sin embargo, América Latina parece atrapada en una velocidad diferente. La más reciente edición del Ranking de Competitividad Mundial, elaborado por el prestigioso Instituto para el Desarrollo Gerencial (IMD) de Suiza, expone las profundas asimetrías de una región donde la brecha entre el líder y el foso es cada vez más profunda.
El informe anual del IMD no mide intenciones, sino que procesa millones de datos duros y percepciones empresariales para evaluar la aptitud de 70 economías globales a través de cuatro grandes pilares metodológicos: infraestructura, desempeño económico, eficiencia gubernamental y el dinamismo del sector de los negocios.
En este examen global, Venezuela vuelve a ocupar el último lugar (puesto 70), quedando anclada en el sótano de la competitividad mundial junto a economías como Botsuana (66), Mongolia (67), Nigeria (68) y Namibia (69). En el extremo opuesto del planeta, Singapur retoma el liderazgo absoluto del ranking, desplazando a Hong Kong y Suiza al segundo y tercer puesto, respectivamente.

Para entender la verdadera dimensión del rezago regional, el IMD realiza un valioso cruce de datos: analiza el comportamiento general y luego filtra un subgrupo exclusivo para aquellas economías con un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita inferior a los US$ 20.000.
Incluso en esta categoría de ingresos medios y bajos, las distancias internas en América Latina son abismales. Mientras Chile lidera el bloque regional ubicándose en la casilla 43 global (puesto 7 en el subgrupo de ingresos), Venezuela cierra la tabla en ambos renglones, evidenciando una distancia insalvable de 27 puestos a nivel general y 18 posiciones en el segmento de economías emergentes.
Así quedó la pizarra exacta de la región este año:
| País | Puesto Global General (De 70) | Puesto en el Subgrupo (PIB < US$20.000) |
| 1. Chile | 43 | 7 |
| 2. Argentina | 58 | 15 |
| 3. Colombia | 59 | 16 |
| 4. Perú | 60 | 17 |
| 5. México | 62 | 18 |
| 6. Brasil | 65 | 20 |
| 7. Venezuela | 70 | 25 |
Para entender el estancamiento de Venezuela en el foso global, los datos del Consejo Nacional para la Promoción de Inversiones (CONAPRI) ponen sobre la mesa los indicadores macroeconómicos clave que alimentan el modelo de medición del IMD. El diagnóstico técnico es implacable: el país ostenta la evaluación más baja en tres variables críticas a nivel mundial: crecimiento del PIB real (-4.0%), inflación al consumidor (252.0%) y PIB per cápita bajo la metodología de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA).

Al procesar la variable del PIB (PPA) per cápita, el abismo que separa a Venezuela del resto del mundo se vuelve drástico. Con apenas $6,831, el ciudadano y el mercado venezolano operan con una fracción de la capacidad económica de sus pares regionales y globales:
El informe no solo diagnostica los puntos críticos, sino que traza una hoja de ruta con los cinco desafíos institucionales y regulatorios que el país debe afrontar de manera prioritaria si aspira a abandonar las últimas posiciones de la tabla:
La competitividad moderna ya no se define únicamente por el costo de la mano de obra o la abundancia de materias primas. El verdadero factor diferenciador es la capacidad de asimilar la revolución tecnológica y la automatización. En esta materia, la brecha de Venezuela respecto a competidores como Chile o Brasil es alarmante.
Factores clave procesados por el IMD —como la penetración de herramientas de Inteligencia Artificial (IA) en los procesos industriales, la calidad de la conectividad digital y el desarrollo de infraestructura sostenible— operan en niveles mínimos en el territorio nacional, profundizando el aislamiento comercial del país en un mercado global cada vez más digitalizado.
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