En España la amenaza es clara: el poder político puede llegar a tener la capacidad de sancionar a los medios que supuestamente han tratado tan injustamente a la mujer de Sánchez

Pedro Sánchez junto a su mujer, Begoña Gómez, y María Jesús MonteroEfe
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Ayer fue un miércoles algo especial, pero tampoco mucho visto el ambiente general crispado en torno a los medios de comunicación, en la historia reciente del periodismo, la justicia y los gobiernos, y de sus complejas relaciones.
El famoso -para bien y para mal, según las opiniones- Julian Assange salía en libertad de un tribunal en las Islas Marianas, territorio estadounidense del Pacífico, tras un acuerdo con el Departamento de Justicia para declararse culpable de uno de los múltiples cargos de revelación de secretos presentados contra él y, tras muchos años encerrado en una cárcel inglesa, más otros anteriores refugiado en una embajada en Londres, volaba en libertad hacia Australia y su familia. El acuerdo considera que su tiempo en la cárcel de Belmarsh cubre el de una condena por ese cargo.
Casi a la misma hora, en otro tribunal, éste en la ciudad rusa de Ekaterimburgo, empezaba el juicio por espionaje de un periodista norteamericano, Evan Gershkovich, corresponsal en Moscú de The Wall Street Journal, arrestado hace 15 meses y procesado por espiar a una empresa de armamento rusa para la CIA. El propio periodista, su medio -el más importante diario de información financiera del mundo- y el Gobierno de Washington afirman que el cargo es totalmente falso, y que Gershkovich sólo estaba informando para el Journal. Es el primer periodista estadounidense detenido y acusado en Rusia desde el final de la Guerra Fría.
Casos famosos, tribunales a medio mundo de distancia, un periodista que sale libre y otro que puede temer una larga condena, porque en la Rusia de Putin ese tipo de juicios rara vez terminan en absolución.
Agreguen a todo ello más elementos de actualidad como las elecciones generales en Francia este domingo, de las que puede salir una mayoría de extrema derecha o quizá de extrema izquierda, ambas muy críticas con los medios independientes.
En España es donde la amenaza está más claramente expresada por el poder político, ya que Pedro Sánchez ha presentado abiertamente un plan contra ese mundo del "fango" -que tan injustamente dice él que ha tratado a su mujer-, que incluye un nuevo órgano administrativo con capacidad de sancionar a los medios y de eliminar noticias sin la necesidad de una intervención judicial previa. Claro que, como al mismo tiempo prosiguen sus intentos de politizar la justicia, podría acabar con un doble muro infranqueable para la información libre y crítica.
En tiempos duros para los medios, con la invasión de los gigantes tecnológicos y sus redes sociales y en una debilitada situación económica, sólo la aplicación de leyes justas, las mismas para todos los ciudadanos, periodistas o no, garantizaría la libertad de información. Sin ello, y en España estamos pendiendo de un hilo, puede no haber porvenir. Y por ahí mueren las democracias.




























