Un asunto tan marginal como el debut de un programa de humor en la televisión pública y su competencia con otro en la privada ha desatado una polémica que llega a niveles bélicos

David Broncano en la presentación de La RevueltaEFE
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La libertad de expresión es eso: libertad. Sólo está limitada, frente a los tribunales nacionales e internacionales, por su abuso traducido en delitos: difamación, falsedades, o esa creciente categoría -que los códigos penales habrían de precisar algo más- de los "delitos de odio". Pero nunca vamos, en una democracia parlamentaria y liberal, a promover una libertad de expresión sin criterios éticos, sobre todo en los medios informativos que se proclaman profesionales y, con sus lícitos sesgos ideológicos, opinan sin caer en el puro activismo político y en la desinformación.
Otra cosa es que venga el poder, igualmente político, a decirnos dónde termina esa libertad. Y, como ya sabemos hoy, el Consejo de Ministros ha aprobado en su reunión del pasado martes el plan de regeneración que Pedro Sánchez anunció, y que se centra en su proclamación cuando se tomó unos días de reflexión ante las alegaciones sobre las actividades extraacadémicas de su mujer. Entonces anunció las bases de la campaña que ha inspirado lo que él considera como regeneración: "En España nos enfrentamos a la desinformación, a la máquina del fango. Nuestra democracia está asediada por esas campañas de desinformación y de bulos. Presiones a periodistas y corruptelas".
Queda claro que la máquina del fango está enfrente, en los que critican el poder socialista en España. Y resulta curioso que, justo antes de que actuase el Gobierno, hayamos tenido unos días de fango intenso, centrado en un asunto tan marginal como el debut de un programa de humor en la televisión pública y su competencia con otro en la privada. Desde ambos lados, pero principalmente desde los medios afines -¿económicamente también?- al poder, se ha desatado una polémica que, en casos como los del medio ElPlural.com y su columnista Miguel Ángel Heredia, llega a niveles bélicos:
"Ha terminado la primera semana del nuevo programa de Broncano, y el fascismo se equivocó. Decían que sería un programa de lavado de cerebro y los españoles hemos visto que se trata de un programa de comedia. Nos mintieron".
Y precisaba: "Desde la pandemia algunas televisiones privadas decidieron reconvertir sus programas del corazón en escaparates para llevar a cabo ataques permanentes y durísimos contra la figura del presidente del gobierno y para lanzar mensajes donde se alentaba el odio y la división entre españoles. La derecha mediática, con sus televisiones privadas como punta de lanza, hacían más política de ultraderecha que la que hacían algunos grupos parlamentarios en el Congreso de los Diputados. Querían imponer una forma de pensar, un discurso que si no era fascista, se le parecía mucho".
Tienen derecho a expresarse así. Libertad. Pero es bastante aterrador.


























