

























Era Las Ventas un puerto azotado por la galerna. El gran buque de la Monumental se había llenado hasta los topes para ver la Corrida de Beneficencia en un cartel redondísimo: toros de Victoriano del Río para Alejandro Talavante, Andrés Roca Rey y Víctor ... Hernández. Ni un mástil cabía ni a estribor ni a babor. Tras un bochorno insoportable, el cielo entero de Madrid cayó sobre el ruedo venteño. La cordura imponía la suspensión tras el esfuerzo de Alejandro Talavante ya con el piso empapado. Impracticable antes de la salida del quinto. Ponía caras el presidente, que seguramente hubiese optado por la cancelación del festejo, pero Roca Rey dijo que adelante, que abriesen chiqueros para que saliera el quinto Victoriano, un toro imponente (no hay figura que haya lidiado corridas tan serias y de tanto trapío esta temporada como el peruano), que daba aún más miedo por las condiciones climatológicas.
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