
























Bebe agua y ponte crema solar. Te lo ha recomendado el presidente después de la sentencia que condena a su número dos en el partido a 24 años de cárcel por corrupción de la más baja ralea. Su orfeón intenta persuadirte de que el verdadero ... escándalo es que a Aldama se le ha aplicado el Código Penal para rebajarle la condena, pero esa pirueta no encaja en un Gobierno que promueve una amnistía para un golpista fugado. El silogismo es sencillo: indulgencia plena a nuestros delincuentes, castigo ejemplar a nuestros delatores. Estos relatos baratos deben funcionar porque de lo contrario no seguiría en pie un presidente que acumula toda clase de escandaleras y no se mueve del sitio ni con agua caliente. En la escala de higiene democrática no estamos como en Colombia, donde el ganador Espriella ha tenido que celebrar la victoria electoral dentro de una cámara blindada para que no le vuelen la cabeza las guerrillas, como al candidato Miguel Uribe hace un año, pero tampoco estamos como en Portugal o el Reino Unido, donde António Costa dimitió por una sospecha que después la Justicia consideró infundada y Keir Starmer se ha tenido que ir por presiones de su propio partido. El gran problema es que ni siquiera estamos como en España. No hace tanto que el PNV apoyó la moción de censura regenerativa y ahora se pone de perfil ante la mujer, el hermano, dos secretarios de Organización, Zapatero, las cloacas, la SEPI, la financiación y lo que habrá de venir en los sumarios que todavía están bajo secreto. Por eso el presidente puede proclamar en el Congreso que él es un santo mártir y que, si ha habido algo, han sido otros. Como la película. Los otros son siempre los que ya están muertos. Es decir, lo mismo que en el vídeo de las redes, pero en las mismas Cortes. Bebe agua. Ponte crema.
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