



















Hay ciudades, alcalde, que no terminan en sus fronteras. Más bien, en sus fronteras recomienzan. Así, La Habana. La Habana no acaba en Cuba, y tiene sucursales emocionales. Así, Madrid. Uno sale cualquier noche con ánimo castellano, y acaba atrapado por un bongó, una ... trompeta de nostalgia o una voz que canta al amor con ese rigor caliente con el que sólo los cubanos convierten la pena en cabaré. Se llama cubanía el prodigio, una extraña ciencia donde se reúne la celebración y la supervivencia.
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