

























En el acuerdo de Castilla y León de 2022 -el primero que firmaron PP y Vox en una autonomía- aparecía por primera vez una nueva ley contra «la violencia intrafamiliar». Era un término clave para el partido de Santiago Abascal y fue un quebradero de ... cabeza para Alfonso Fernández Mañueco. Un año después, tras las elecciones autonómicas de 2023, llegarían otros tantos en cascada. Los dirigentes del PP buscaban la manera de sortear la imposición de su nuevo socio, que quería cambiar los términos de violencia machista y ampliarla, más allá de las mujeres, para combatir la guerra cultural de la izquierda con el feminismo. Y la mantuvo durante un tiempo como gran bandera ideológica. El resultado fue un surtido de conceptos en función de la autonomía, pero consiguieron colocar su mensaje. El PSOE lo utilizó como una de las grandes palancas de cara a las generales: los acuerdos de la derecha ponían en riesgo a las mujeres y sus derechos, llegaron a decir.
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