Para 8
1.05€/pers.
235kcal/100g
Ingredientes
- 450 g de harina de maíz fina
- 100 g de manteca de cerdo o 90 g de mantequilla
- 3 cebollas medianas
- 5 huevos L
- 500 ml de leche entera
- 50 ml extra de leche, por si hiciera falta ajustar la mezcla
- 300 g de queso fresco firme o queso tierno de vaca bien escurrido
- 1 1/2 cucharadita de sal
- 1 pellizco de pimienta negra, opcional
- Mantequilla o aceite para engrasar la fuente
El primer corte ya deja clara la jugada. La sopa paraguaya sale del horno con la superficie tostada, los bordes bien asentados y un interior húmedo que no se desmorona al servirlo. El nombre despista a cualquiera, porque no se come a cucharadas ni tiene caldo: es una preparación sólida de harina de maíz, cebolla, huevos, leche y queso muy arraigada en la cocina paraguaya, y sigue siendo una presencia habitual en reuniones familiares, asados y fechas señaladas como la Semana Santa.
Quien disfrute unas cachapas venezolanas con queso, una tortilla de berenjena y cebolla bien jugosa o unas arepas colombianas de choclo va a entender enseguida por qué la sopa paraguaya engancha tanto. Las tres comparten con ella ese punto casero, sabroso y de mesa generosa que funciona de maravilla cuando apetece cocinar algo con alma de receta familiar.
La diferencia está en cómo juega cada una sus cartas. Las cachapas tiran hacia el bocado más tierno y goloso del maíz; la tortilla de berenjena y cebolla se mueve en el terreno de las elaboraciones cuajadas y melosas; y las arepas colombianas de choclo entra de lleno en esa familia de recetas que reconfortan nada más asomarse a la fuente. La sopa paraguaya se cruza con todas en algo importante: el gusto por las texturas suaves por dentro, el borde bien hecho y ese sabor que mejora todavía más cuando la cebolla y el queso hacen su trabajo como toca.
Receta casera de sopa paraguaya

Preparación paso a paso
- Pelamos y picamos las cebollas muy finas. Las llevamos a una sartén amplia con la manteca de cerdo o la mantequilla a fuego medio-bajo. Las cocinamos con calma durante 12 o 15 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que queden blanditas, translúcidas y con ese punto meloso que luego le da tanta gracia a la receta. No nos interesa dorarlas de más.
- Mientras la cebolla se enfría un poco, encendemos el horno a 180 ºC con calor arriba y abajo. Engrasamos una fuente rectangular o una bandeja de unos 30 x 22 cm, más o menos. En un bol grande batimos los huevos con la leche y la sal hasta que la mezcla quede homogénea.
- Añadimos la harina de maíz poco a poco, removiendo con varillas o cuchara para que no se formen grumos. No buscamos una masa dura, sino una mezcla espesa, cremosa y fluida a la vez, algo más densa que la de un bizcocho salado. Si al mezclarla vemos que está demasiado tiesa, incorporamos un poco de la leche extra.
- Desmenuzamos o rallamos el queso y lo echamos al bol. Sumamos también la cebolla pochada con toda su grasa o mantequilla. Mezclamos bien hasta que todo quede repartido. Si queremos, añadimos un pellizco de pimienta negra, aunque no es imprescindible.
- Vertemos la masa en la fuente y la igualamos con una espátula. No hace falta aplastarla mucho; basta con repartirla bien para que cueza uniforme. La llevamos al horno a altura media durante 40 o 45 minutos.
- A partir de los 35 minutos le echamos un ojo. La sopa paraguaya tiene que salir con la superficie dorada, los bordes despegándose un poco y el centro cuajado. Si pinchamos, no debe salir líquido, aunque sí puede quedar ligeramente húmeda por dentro, que es justo lo que buscamos.
- La sacamos y la dejamos reposar 10 o 15 minutos antes de cortarla. Ese descanso le sienta de maravilla: se asienta, se porciona mejor y mantiene la miga jugosa. La servimos templada, aunque fría también está estupenda.





Consejos para una sopa paraguaya de rechupete
- La cebolla no es un actor secundario aquí. Si la recortamos demasiado o la dejamos cruda, la receta pierde humedad y se vuelve más basta.
- Conviene usar una harina de maíz fina. Si es demasiado gruesa, la textura cambia bastante y puede quedar arenosa.
- El queso debe fundir bien, pero también aportar sabor. Un queso fresco firme, un queso tierno de vaca o una mezcla con mozzarella escurrida funciona muy bien si no encontráis queso paraguayo.
- No conviene pasarse con el horno. En cuanto el centro esté cuajado y la parte superior tenga buen color, fuera. Unos minutos de más la secan enseguida.
- Gana mucho si la dejáis reposar antes de cortar. Recién salida del horno está riquísima, sí, pero tras unos minutos queda bastante más redonda.
Curiosidades de rechupete
Pocas elaboraciones tienen un nombre tan traicionero como esta. La sopa paraguaya no es líquida, sino una especie de torta salada horneada. Esa contradicción forma parte de su encanto y de su fama fuera de Paraguay, donde sorprende tanto el nombre como la textura.
Detrás del plato hay también una mezcla cultural potente. Su base de maíz enlaza con la tradición alimentaria local, mientras que ingredientes como la leche, el queso o los huevos remiten a la influencia hispana que fue entrando en la cocina paraguaya con el tiempo. Por eso se la suele señalar como una elaboración muy representativa de esa cocina mestiza.
Otra pista de lo importante que sigue siendo está en cuándo aparece en la mesa. No se queda solo en el recetario de diario: se repite mucho en asados, en celebraciones familiares, en Navidad y en Semana Santa, y en muchas casas tradicionales todavía se asocia al tatakua, ese horno de barro que cambia el sabor y el ambiente de la jornada.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails
Más de uno se queda dándole vueltas a si la mezcla tiene que quedar líquida o espesa, y la respuesta correcta está justo en medio. No debe parecer una masa de pan ni tampoco una crema suelta. Lo suyo es una mezcla espesa, cremosa y vertible, porque al horno termina de asentarse y coge esa miga húmeda tan característica. Si la dejamos demasiado compacta antes de hornear, luego no hay milagro que la salve.
También aparece a menudo la duda de si se puede hacer con polenta. Poder, se puede, y hay muchísima gente que la adapta así cuando no encuentra la harina tradicional, pero el resultado no queda exactamente igual. La receta clásica pide una harina de maíz fina, más pensada para una textura suave y uniforme. Con una molienda más gruesa, el bocado cambia.
En casa suele durar poco, pero conviene saber si se toma solo caliente o también fría. Las dos opciones funcionan. Templada está más tierna y fragante; fría, una vez reposada, corta de maravilla y acompaña fenomenal carnes asadas, ensaladas o una mesa de picoteo. Precisamente por eso se ha ganado ese sitio tan fijo en días de reunión y bandejas para compartir.
Última revisión: 28 abril 2026
Hemos trabajado 3 horas y 05 minutos para que disfrutes esta receta. ¿Cómo se calcula?
75 min. cocinando, 30 min. para hacer y editar las fotos, 45 min. para redactar y 35 min. para organizar y publicar todo en la web y en redes sociales.
😊 Sin contar lo que dedicamos a investigar cómo hacer la mejor receta, comprar los ingredientes, comerla (y repetirla si no ha salido de rechupete), leer vuestros comentarios y responder a las dudas.
3.8/55 votos
Categorías: Recetario de cocina Recetas de bizcochos
Etiquetas: cebolla harina de maíz huevos leche mantequilla pimienta negra queso fresco sal























