






















Para la inmensa mayoría de madrileños es un martes cualquiera. Solo unos pocos, los más castizos, quienes han tratado de defender la tradición de un baile de «fuerza» y «miraditas» con 175 años de historia, saben que son vísperas de San Isidro. Ellos, los chulapos ... y chulapas, se conocen entre sí porque, con el paso del tiempo, cada vez se cuentan con menos dedos. No por ello –o quizá precisamente por eso– se abren a enseñar y a acoger a todo curioso y entregado que quiera aprender el arte del chotis. Un baile que, si bien es la marca de la casa, la seña de identidad de Madrid, apenas se ha inculcado en los colegios ni en los hogares. «Nunca nos enseñaron el chotis, pero queremos probar».
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