
























Tarde de contrates, de locuras y muchos sinsentidos. De intentar romper moldes, de arrinconar los cánones en busca de una presunta genialidad. Al final, Paco Ureña en la enfermería con una grave cornada y Antonio Ferrera a hombros tras una tarde de buen toreo ... sobrada de efectismos en aras a alcanzar un éxtasis, que no fue tal.
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