
























El pobre tertuliano sanchista se despierta confuso y entumecido. Por un momento cree que todo había sido un sueño, pero el móvil en la mesilla le recuerda que no. El argumentario del partido llega puntual por WhatsApp y ahora tiene que irse a la tele ... a defenderlo. Es un trabajo sufrido y no tan bien remunerado como le gustaría, pero ¿qué otra cosa puede hacer? Otros capan capones y él tiene que masticar disparates y decirlos como si se los creyera. Siempre hay algo de rebeldía en el momento de despertar y las primeras líneas del argumentario le parecen un chiste.
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