




















Voluntarios de las juventudes de Tisza vendían ayer a las puertas del imponente Parlamento húngaro helados, palomitas y banderas de Hungría con el retrato de Péter Magyar, que a esa hora estaba siendo nombrado primer ministro. A través de pantallas gigantes, la multitud que llegaba ... hasta Bajcsy-Zsilinszky seguía a orillas del Danubio una ceremonia plagada de gestos nacionalistas y un tanto alejada de los estándares europeos a los que Magyar pretende reorientar el país. Por momentos, más que de una rutinaria alternancia democrática de gobiernos, el acto tuvo aires de coronación.
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