

























Una cortina gris y plomiza cubría el cielo capitalino desde la hora del sorteo, como si el otoñal tiempo de este mayo se hubiese conjurado para poner a prueba la afición. Desde por la mañana, la lluvia lavó la plaza entera. Un cuarto de hora ... antes del paseíllo, el aguacero obligó a parte del tendido a refugiarse en los pasillos interiores de la Monumental. Sin embargo, a las siete en punto, todos volvieron a su localidad en el segundo 'No hay billetes' de la feria. Menudo bolazo. El ruedo, que tan bien drena, presentaba los charcos inevitables tras la tormenta. Igual daba: ni se pasó por la mente la suspensión.
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