






















Imagínese que está tranquilamente en su casa y que, de repente, le llaman desde un número desconocido y oye, en pleno ataque de ansiedad, a alguien que parece su hija. Es tal su nerviosismo que, quizá, ni se percate de que no no son ... ni su voz ni su manera de hablar: «¡Mamá, ha ocurrido algo terrible...!». Antes de que pueda continuar, un supuesto policía se pone al teléfono y le pide 90.000 euros inmediatamente si quiere pagar la fianza y que eluda la cárcel. La vista judicial es inminente: «Su hija ha atropellado a una mujer con su hijo, y el niño ha muerto. La madre está crítica, en la UCI». Entre los sollozos de su ser querido y la premura del comunicante, usted accede. Y acaba siendo estafado.
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