






















Roberto tiene 72 años y todavía sueña con las playas de su ciudad natal, Maracaibo, en Venezuela. Antes de jubilarse, trabajó como economista y dirigió varias empresas. Le fue tan bien que, en los noventa, descartó la idea de asentarse en España, porque en su ... país resultaba mucho más sencillo hacer fortuna. Luego llegó Chávez y comenzaron los problemas. Al empresario le dieron «la puntilla» hace un par de años, cuando lo perdió todo por denunciar un caso de tráfico infantil que afectaba a la policía del régimen. «Tenía la certeza de que me iban a matar. Una familiar de mi exmujer me dijo que cogiera el pasaporte y que me fuera ya con lo que llevaba puesto». Y así lo hizo. Entró en Colombia y, tras malvivir en las calles de Barranquilla o Bogotá, pegó el salto a España. En concreto, al aeropuerto de Madrid, que se convirtió en su nuevo hogar: «Llegué a Barajas reventado. Desnutrido y enfermo. Lo de estar viviendo en la calle no se lo deseo a nadie».
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