



















El gijonés José Luis Llada guarda muchas, muchísimas entradas de conciertos de Joaquín Sabina. Pero hay algunas que son especialmente valiosas para él, «como la del que dio el día del atentado de Hipercor, en 1987», explica al teléfono desde Gijón. «Le dijeron que ... quizá no era buena idea actuar después de lo que había pasado, pero él respondió que no le iban a callar porque eso era lo que querían hacer con todos nosotros, y siguió adelante».
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