






















Carlos Sala
Barcelona
«No hay que lamentar que yo no pueda terminar el templo. Yo envejeceré, pero otros vendrán después. Lo que hay que conservar siempre es el espíritu del monumento. Su vida tiene que depender de que las diferentes generaciones se transmitan éste espíritu en el ... cual vive y se encarna la Sagrada Familia». Así se expresaba Antoni Gaudí al iniciar la construcción del icónico templo, esperanzado en que su proyecto fuera mucho más grande que sí mismo. Sabía de antemano que no lo vería acabado, pero estaba convencido que la gente y Barcelona entera la acabaría por él. 144 años después, después una historia compleja, difícil y llena de contratiempos, parece que el final está cerca. Una exposición explica ahora ese arduo camino.
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