


















Alaska y Mario conforman uno de los matrimonios más icónicos y consolidados de España. Desde que en 1999 se casaran en Las Vegas caracterizados como Elvis Presley y Dolly Parton hasta su boda civil en Madrid en 2011, su historia ha estado siempre ligada a la estética, la música y el espectáculo, tanto dentro como fuera de los escenarios y las pantallas.
Fruto de esta sólida historia de amor ha nacido un patrimonio inmobiliario tan singular como ellos. Su residencia principal se encuentra a pocos metros del Hotel Emperador, donde celebraron su boda española.
Allí, en un edificio castizo de 1900, poseen dos viviendas muy conocidas por sus seguidores: la 'casa rosa' y la 'casa azul', dos espacios independientes que reflejan su estilo vibrante y su gusto por la decoración maximalista.
Y, aunque son felices en el ritmo frenético de la capital, también cuentan con un refugio especial a las afueras para desconectar algún fin de semana o esos días de saturación en los que el silencio es el mejor aliado.
En 2017, el matrimonio compró un chalet en Boadilla del Monte, uno de los municipios con mayor renta per cápita de España. El inmueble cuenta con cerca de 2.000 metros cuadrados de parcela, alrededor de 350 metros construidos distribuidos en dos plantas y tres habitaciones. Su valor actual supera los 1,5 millones de euros.
Tras la compra, la vivienda fue completamente reformada para llenarla de color y referencias personales que plasmaran la esencia de sus nuevos propietarios. El azul, el rosa y el amarillo dominan distintas estancias, mientras que muebles de madera, azulejos coloridos y recuerdos de viajes conviven con piezas de diseño y objetos adquiridos en mercadillos.
«Nuestro mundo es muy variado, nos movemos en lo alto y en lo bajo, y vamos de las subastas al rastro. La lámpara de nuestra habitación es de Durán; pero también tenemos cosas de 5 euros», relató Alaska en la revista ¡Hola!.
La planta baja está dedicada al artista Fabio McNamara, íntimo amigo del matrimonio, cuya obra se exhibe en distintos rincones del chalet como si se tratara de una galería privada. Además, el espíritu de México, país natal de Alaska, está presente en toda la casa, con una estética vibrante y festiva que convierte cada estancia en una declaración de intenciones.
El exterior es otro de los grandes atractivos de la vivienda. Rodeado de una vegetación que Alaska cuida con mimo, el jardín cuenta con porche, comedor al aire libre y una piscina que lo convierten en el núcleo de la vida social durante el verano.
La vivienda en la que Alaska y Mario se refugian del bullicio pertenecía a su íntima amiga Bibiana Fernández, pero esta se vio obligada a venderla por una deuda con Hacienda. A pocos días de que expirara el plazo, decidieron comprarla para evitar que la actriz y presentadora de televisión la perdiera por completo.
«Ellos se quedan con la casa, no puede estar en mejores manos, volveremos cienes y cienes de veces, el patrimonio emocional que al final es lo que más me importa», escribió Fernández emocionada en su Instagram junto a una foto con la pareja.
Desde entonces, la propiedad, bautizada cariñosamente por el matrimonio como 'Casa Bibiana' en honor a su antigua dueña, se ha convertido en su vía de escape.
«Es como nuestra casa de campo. Es una casa muy de ocio; venimos con los amigos, a jugar a las cartas, a ver series de televisión, a saltarnos la dieta», comentó Alaska. No obstante, confesó a Lecturas que «a día de hoy no se nos ocurre irnos a vivir allí».
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。