
























Uno de los propósitos de Donald Trump, a tenor de sus intervenciones militares –precisamente en Venezuela e Irán, dos países con abundantes reservas de hidrocarburos–, es alcanzar una posición dominante en los flujos petroleros del mundo: de un lado Estados Unidos, como mayor productor ... y como aspirante a «gestor» de la producción de algunos aliados, voluntarios o forzados, y de otro China, a la que dosificar su acceso a las energías fósiles como intento de atarle en corto.
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