






















La literatura científica da la razón a lo que muchas familias ya pensaban. Cuanto más tarde se entrega el primer móvil, mejor salud mental. Y es que la evidencia científica vincula el uso de teléfonos inteligentes y redes sociales antes de los 13 años con un mayor riesgo de problemas de salud mental, incluyendo menor resiliencia, trastornos del sueño, ansiedad y, en algunos casos pensamientos suicidas.
En este contexto se pronuncia el psicólogo infantil Alberto Soler, quien en una de sus últimas publicaciones en las plataformas digitales reflexiona sobre los datos obtenidos de varios estudios sobre este asunto que preocupa cada vez a más familias.
El divulgador subraya que retrasar la entrega del smartphone hasta los 13 años resulta beneficioso, aunque matiza que no existe una edad perfecta universal.
El análisis al que hace referencia, basado en datos de más de 100.000 jóvenes y publicado en la revista 'Journal of Human Development and Capabilities', concluye que quienes recibieron su primer móvil antes de los 12 años presentan en la adultez más riesgo de ansiedad, depresión, baja autoestima, agresividad o incluso pensamientos suicidas. Además, el acceso temprano se vincula con peor calidad del sueño, mayor exposición al ciberacoso y relaciones familiares más deterioradas.
El psicólogo destaca que cada año que se retrasa el acceso al smartphone hasta los 12 o 13 años se asocia con mejoras significativas en el bienestar psicológico. Sin embargo, a partir de esa edad, el beneficio adicional se reduce. «No significa que los 13 sean la edad ideal en todos los casos, pero sí que, desde el punto de vista de la salud mental, retrasarlo más allá no aporta grandes diferencias», explica en el vídeo subido a Instagram.
El psicólogo insiste en introducir un matiz clave como es el coste social de no tener móvil en la adolescencia. Según señala, los menores sin acceso a estos dispositivos pueden quedar excluidos de dinámicas sociales básicas como conversaciones, planes o interacción digital con sus iguales, lo que también impacta en su bienestar emocional.
Otros expertos, como el neurofisiólogo Javier Albares, advierten del efecto de las pantallas en pleno desarrollo cerebral. El uso excesivo puede hiperestimular el sistema nervioso y provocar irritabilidad, impulsividad o trastornos del estado de ánimo. Por ello, diversas sociedades pediátricas recomiendan limitar el acceso y supervisar el uso, especialmente en edades tempranas.
En este contexto, Soler apuesta por un enfoque equilibrado basado en la evidencia. Ni prohibición absoluta ni acceso sin control. El papel de las familias resulta fundamental, estableciendo normas claras, acompañamiento y coherencia en el uso de la tecnología. «Una cosa es un teléfono móvil, y otra es un ordenador de bolsillo con acceso ilimitado a internet. Una cosa es dejarle emplearlo en algunos momentos concretos, y otra muy distinta es darle libre acceso a él. Una cosa es que puedan llamar por teléfono y otra es darles el móvil para que estén callados, o que tengan acceso a internet sin supervisión adulta», analiza el experto en su blog.
Los datos en este sentido reflejan una realidad difícil de revertir ya que más del 90% de los menores de 12 años ya dispone de móvil. Ante estos hechos los expertos tienen claro que no se trata de demonizar la tecnología sino de tratar de gestionarla.
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