

























Josep (nombre ficticio) debutó en la infancia como un niño normal. Se relacionaba como cualquier otro retoño de su edad. Nada hacía presagiar lo que le deparaba en la adolescencia. A los cinco años, sus padres (Antonio y María, también nombres ficticios) empezaron a notar ... que algo no iba bien. «Tenía tics incontrolados en los ojos y movimientos de cuello que no eran normales. Aunque eran síntomas leves, nos pusieron en alerta», señala Antonio en declaraciones a ABC. Los tics se agravaron y a los 14 años le diagnosticaron síndrome de Tourette, trastorno neurológico crónico caracterizado por tics motores y vocales involuntarios, rápidos y repetitivos, que inician antes de los 18 años.
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