






















Justo antes del inicio del partido, Cristiano cogió el balón y lo beso como si fuera Georgina. Segundos de pasión en lo que muchos hubiéramos pagado dinero por saber qué se le pasó en ese momento por la cabeza a Ronaldo. Este sexto, y quizás ... último, Mundial de Cristiano es bastante especial. Y su lenguaje gestual le delató desde el inicio, en un inicio plano y aburrido de Portugal que no le va a salir gratis. Vienen días complicados en Palm Beach hasta el duelo ante Uzbekistán del martes.
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