























Las Vegas siempre entendió antes que nadie la naturaleza del espectáculo contemporáneo: no importa la verdad, sino el brillo. Allí donde el desierto se convirtió en un espejismo de neón y el fracaso se maquilla con whisky caro, aterrizan ahora los Juegos del Dopaje, una ... especie de olimpismo con trampas permitidas, una liturgia química retransmitida en alta definición para una humanidad que hace tiempo dejó de admirar el esfuerzo y empezó a venerar el rendimiento máximo.
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