



























Cargado de plomo estaba el ambiente, con el aficionado de uñas. A nadie agradó el cambio de ganadería, pero solo pasaron la criba veterinaria dos toros de la titular del Parralejo y se desembarcaron diez del Vellosino, de los que se aprobaron seis. Algunos devolvieron ... su abono, pero la plaza lució un aspecto formidable, en cuanto a entrada, ojo, que el gesto andaba torcido desde que se supo que la divisa que lidió el toro más bravo de la Feria de Abril -inolvidable Secretario- regresaba a su finca. El nombre de Vellosino agitaba más los ánimos y la gente entraba a la plaza con la idea de que el hijo de Florito trabajaría a destajo. No fue así: la corrida, tan desigual, con toros indignos, otros serios y alguno más propio de las calles, se mantuvo en su totalidad en el ruedo. Hueca de casta, hubo animales que apuntaron calidad, pero sin empuje. En definitiva, carecían de esa vida que necesita Madrid. Noblotes y sin maldad, en otra plaza hasta les hubiesen arrancado las orejas, pero en la capital semejante material no sirve. Tediosa la tarde, un peñazo, y eso que Daniel Luque tuvo el enorme mérito de inventarse dos faenas remando a favor de su lote.
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