






















Que Sánchez es el presidente de las primeras veces, todas bochornosas, ya lo he dejado escrito por aquí antes. Lo que desconocía entonces es que persistiría en el empeño, inasequible al desaliento. Como si en ello le fuese la vida o un récord Guinness. El ... pasado jueves tuvo lugar la última de las primeras veces. Por primera vez en nuestra democracia, la Cámara Baja aprobaba una moción por la que se instaba al presidente del Gobierno a plantear una cuestión de confianza. Por primera vez, el día anterior, la Cámara Alta reclamaba la disolución de las Cortes y exigía convocar elecciones generales. Ambas carecen de efecto vinculante, por lo que, previsiblemente, será también la primera vez en que el presidente de un Gobierno desoiga tal mandato del legislativo. Por primera vez, un presidente seguirá gobernando después de que la mayoría del Congreso que lo eligió le exija formalmente que se vaya. Esto no tiene precedentes en las democracias europeas similares a la nuestra. Es, pues, la primera que tolera que la retirada de confianza no implique la caída del Gobierno. Lo que ya ha sido es la primera en la que un presidente, los miembros de su Gobierno y sus diputados recibían con aplausos y risas burlonas una resolución parlamentaria que exigía su salida. ¿De qué se reían exactamente? ¿Qué aplaudían? Porque más parecía una falta de respeto y un desafío a nuestras instituciones, al pueblo al que estas representan y a la democracia misma que una muestra de confianza y seguridad en sí mismos, su labor y su transparencia. Félix Bolaños, incluso, se jactaba de que «todo esto tiene efecto político cero». Primera vez, que yo recuerde, en que un ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes expresa tan explícitamente tal desprecio por el mandato que emana de estas y sus funciones constitucionales. Se suman, pues, todas estas, a la ya larga lista de primeras veces de Sánchez: primera vez en que un fiscal general es condenado por revelación de secretos; primera en que se abre juicio oral a la mujer del presidente y se le imponen medidas cautelares; primera vez en que un hermano del presidente está a la espera de resolución judicial, con un juicio por prevaricación y tráfico de influencias que ya ha quedado visto para sentencia; primera vez en que dos secretarios de Organización del partido político en el Gobierno han entrado en prisión; primera en que se destapa una trama para desestabilizar investigaciones; primera en que un expresidente del Gobierno, y activo clave del actual, es investigado por organización criminal, blanqueo de capitales, tráfico de influencias y falsedad documental… Tantas primeras veces que, más que casos aislados, parecen un patrón de comportamiento. Lo que invita, más que al optimismo, a aguardar con desasosiego la siguiente primera vez.
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