





















Llevar un apellido con rancio abolengo, muchas veces, conlleva un peso insoportable a quien lo ostenta. Ser un Borbón, un Alba o un Hasburgo, como es el caso, significa soportar la historia de imperios, reinos o, cuando menos, ducados que han configurado regiones, países ... o incluso continentes. Muchos de estos aristócratas lo llevan con una gravedad que no siempre se corresponde con su relevancia pública y otros, directamente, lo asumen con mucho más sentido del humor.
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